En una ocasión cometí un error de libro que me costó disgustos y dinero.
Muchos disgustos, y aún más dinero.
Y te lo voy a contar, porque es un error que me encuentro con demasiada frecuencia entre mis clientes.
Si no idéntico, sí muy parecido.
Verás, yo tenía varios administrativos trabajando para mí.
Y había una con la que estaba especialmente contento porque sacaba más trabajo que los demás.
Y en lugar de plantearme por qué ella sacaba más trabajo que los demás.
O por qué los demás sacaban menos trabajo que ella.
Lo que hice fue subirle el sueldo.
Así que un buen día me levanté dadivoso y llamé a la asesoría para que le aumentara la nómina un 10%.
Se lo subí un 10% igual que podría haberlo hecho un 5% o un 20%, porque no había ninguna razón de peso más allá de lo contento que estaba con ella en comparación con sus compañeros.
Como te podrás suponer, la empleada en cuestión se puso más contenta que unas castañuelas.
Y yo más.
Ahora bien, te aseguro que si he tomado malas decisiones en mi vida como empresario, esta es, con diferencia, una de las peores.
Porque me salió el tiro por la culata.
¿A caso es porque no mejoró su desempeño?
No.
Ojalá hubiera sido por eso.
Todo siguió igual antes de la subida.
Y aunque habría sido una consecuencia esperable, tampoco me lo tomé a mal porque el aumento se lo había dado porque ya estaba contento con ella.
Lo que pasó es que esta chica no tuvo nada mejor que hacer que decirles a sus compañeros que era mi favorita porque le había subido el sueldo.
Madre mía, no te puedes imaginar la que se lio.
De primeras, lo que noté fue que, a excepción de ella, todos los demás bajaron su rendimiento a niveles de despido.
Yo no entendía lo que estaba pasando.
Hablé con alguno, y lo único que encontraba era tensión.
Pero no me daban una razón lógica.
Ya me estaba preparando para empezar a despedir, cuando un día, de repente, me entra al despacho un administrativo, y me dice a las bravas, que tengo que subirle el sueldo.
Yo, que estaba ofuscado con lo mal que lo estaban haciendo, me enfadé y le dije que cómo iba a subírselo si no estaban sacando el trabajo.
Y tras unos minutos de conversación acabó marchándose resignado.
Pero un par de días después me viene otra con la misma historia.
Que tenía que subirle el sueldo.
Y mi postura fue idéntica a la que tomé con el anterior.
Sin embargo, esta, antes de salirse del despacho, me dijo algo que me reventó la cabeza…
¿Y por qué a Pili sí que se lo subiste?
Resultado: que tuve que subirle el sueldo a todos.
Nada cambió en comparación a lo que tenía antes de subirle el sueldo a Pili.
Nada, excepto que ahora pagaba un 10% más que antes a cambio del mismo desempeño de todos.
¿Crees que es la única vez que he metido la pata con este tema?
Pues no.
En otra ocasión volví a caer.
Y esta fue aún peor que la anterior.
Aunque ya te lo contaré en otra ocasión, porque esto se me está haciendo muy largo.
Solo te voy a adelantar, que para evitar que me pasara lo que me había pasado con los otros, a este le dije que no le dijera nada a sus compañeros.
Mira, tú puedes hacer con tus empleados lo que quieras, pero si de algo te sirve mi experiencia, antes de subir sueldos, piensa bien el porqué, el cuándo, y el a quién, porque allí donde tú crees que estás haciendo un bien, te la pueden acabar liando parda.
Y piénsalo también, incluso cuando solo tienes un empleado, porque tendrás que dar explicaciones cuando contrates a otro para las mismas funciones.
Créeme.
¡Que pases un buen día!
Rafael Valero
PD – Ten en cuenta que el concepto que tienen los empleados del desempeño que tienen suele estar muy lejos del que tienes tú.