Si hay una cosa que yo tenía clara con esta nueva empresa que estoy a puntito de iniciar, es que el nombre debía de ser muy resultón para que llamara la atención y poder sobresalir fácilmente de entre la inmensa cantidad de competidores que hay en el sector.
Y sabía que no iba a ser fácil ni rápido.
Pero no me esperaba que me fuera a costar tanto.
Es verdad que podía haber contratado un experto en naming para elegir un nombre.
Y eso habría sido lo más inteligente.
Así al menos podría haberme ahorrado el montón de horas que he dedicado.
Horas en las que no he hecho ninguna otra cosa.
¿Pero sabes qué pasa?
Pues que cuando le hubiera dicho al experto en cuestión el poco tiempo de margen que tengo para que la empresa esté operativa, se me habría agobiado, y además de que seguramente me habría cobrado más caro por las prisas, casi seguro que no me hubiera hecho nada decente.
Y qué quieres que te diga, pagar para que te hagan una chapuza, pues como que no me apetece.
Pero bueno, ya lo tengo.
Ayer, mientras iba en un avión, se me vino a la cabeza el nombre como por arte de magia.
No te puedo dar una explicación del porqué se me vino ayer.
Ni por qué fue en un avión.
Ni tampoco por qué justamente esa palabra.
Quizá sea porque mi mente se apiadó de mí por tenerme tantos días bloqueado sin poder hacer ni pensar en ninguna otra cosa.
Vete tú a saber.
Pero sea como sea, me encanta.
De entre las más de 200 opciones que ya había valorado, esta es la perfecta.
Me gusta tanto, que ya visualizo la publicidad, el uso de la marca, y todo lo que la va a rodear.
Es decir, que aunque la palabra es “rara” y a primera vista no da a entender a lo que se va a dedicar la empresa, me hace sentir cómodo y orgulloso.
Porque tiene todo lo que quería que tuviera: frescura, juventud, pocas letras, dominios disponibles, fácil de leer y de deletrear, que suene bien al pronunciarla…
No sé.
Estoy emocionadísimo.
Ahora seguro que estás esperando que te diga cuál es el dichoso nombre.
Y también, cuál es el aprendizaje de esto.
Pero ¿sabes qué?, que si el valor de lo que he puesto aquí no lo has captado, deberías volver a leerlo.
Y si aun así no lo pillas, escríbeme y te lo explico.
Y en cuanto al nombre, mejor no te lo voy a decir todavía, porque ha pasado algo con el vendedor, que quizá haga que se vaya todo al carajo. Mi tiempo, mi ilusión, y su dinero.
Pero eso mejor te lo cuento mañana.
¡Que pases un buen día!
Rafael Valero
PD – Menudo descanso cuando solucionas un atasco mental, ¿no?