El otro día te hablaba de mi negativa a tener socios.
Pero creo que tengo que explicarme un poco, porque aunque huya de ellos como del aceite hirviendo, hay veces que tiene sentido.
Por ejemplo, tú puedes tener socios de 3 formas:
- Todos los socios trabajan en la empresa
- Tú trabajas en la empresa, y tienes uno o varios socios capitalistas (han puesto dinero, bienes, o lo que sea, pero no trabajan en la empresa)
- Tú eres socio capitalista (has puesto dinero, o lo que sea, pero no trabajas en la empresa)
De las 3, en mi caso solo acepto la tercera, porque he vivido las anteriores, y qué quieres que te diga, chungo.
En mi caso, fracaso total.
Conozco empresarios a los que les ha ido bien.
Pero conozco muchos más a los que les ido igual de mal que a mí, o incluso peor.
Cuando tuve socios que trabajaban en la empresa conmigo, todo eran problemas porque todos teníamos nuestras propias ideas.
Y cuando no llegábamos a un acuerdo, nos poníamos en el modo de querer mandar más que el otro.
Bastante estresante.
Ya sé que esto se soluciona con el pacto de socios que te comenté, pero yo en aquellos tiempos lo desconocía, así que no existía.
También tuve un socio capitalista, y con este tampoco fue la cosa mucho mejor.
Porque es verdad que no trabajaba en la empresa, pero su actitud era muy de toca narices.
Cada dos por tres estaba pidiendo ver los números y quería participar en demasiadas decisiones.
Pero eso no es lo peor.
Lo peor es que me trataba como si yo fuera un empleado.
Como él había puesto dinero (y tampoco tanto), quería manejarme como una marioneta.
Y mira, si ese socio capitalista hubiera sido experto en inversión de empresas, o hubiera tenido experiencia como empresario, todavía podía haberle bailado el agua.
Pero qué va, ni era experto inversor, ni había sido empresario nunca.
Él vio una oportunidad de ganar dinero porque mi idea le gustaba, y metió unos pocos miles que me hacían falta.
La verdad es que fue bastante desagradable el tiempo que duró.
Porque intentar dirigir un negocio con una mosca coj*nera en la nuca se hace bastante difícil.
Pruébalo y ya me contarás.
Al final salí ganando y le di en los morros, porque me busqué el dinero para comprarle su parte y sacarlo de la empresa, y al final ese negocio funcionó muy bien y fue rentable.
Él se lo perdió por desconfiado, o por lo que sea que fuere que actuase así.
Quién sabe, quizá era su pareja la que le comía la cabeza por las noches.
En fin, a donde voy hoy, es que me gustaría que tuvieses bien en cuenta mis experiencias sobre los socios, porque uno se emociona en la barra de un bar con un amigote, y al final casi siempre se pierde la amistad y el dinero.
Y si solo fuera eso, pues nada, paciencia.
Pero es que mientras dura tú lo pasas muy mal.
Siempre estresado y de mala leche.
Así que lo dejo aquí, que parece que soy supernegativo con este tema y no quiero amargarte el día si es que tuvieras un socio y te estuviera yendo bien, o te estuvieras planteando tenerlo.
Pero lo dejo recordándote que puedes contratar una consultoría para que te ayude a solventar problemas de socios, o redactar el pacto de socios.
¡Que pases un buen día!
Rafael Valero
PD – Si yo te contara…