Hay 2 tipos de empresarios.
Los que lo son porque quieren ser empresarios.
Y los que lo son porque no quieren ser empleados.
Los primeros hacen prácticamente de todo para lograr que su empresa impacte y perdure en el tiempo.
Y los segundos también hacen prácticamente de todo, pero para no volver a trabajar para otro.
En ambos casos el medio es el mismo: ser dueños de un negocio.
Sin embargo, el fin es distinto.
Muy distinto.
¿Y esto hace que unos sean mejores que los otros?
Pues no.
Pero sí hace que el camino lo vivan de maneras muy diferentes.
Porque unos salen de su casa cada día emocionados por hacer de su empresa un negocio del que puedan vivir bien y sentirse orgullosos. Y no les asustan demasiado que las cosas salgan mal, porque están seguros de que si pasara montarían otro negocio.
Y los otros salen también cada día, pero con el miedo de que si las cosas les salen mal no tendrían más remedio que buscarse un trabajo.
Y esa diferencia es bien importante, y no tiene nada que ver con que unos sean valientes y los otros unos cobardes.
Pero estarás conmigo en que no es lo mismo tomar decisiones con la ilusión de conseguir algo.
Que hacerlo con miedo por si las cosas no salen bien.
En fin.
Yo creo que deberías reflexionar sobre esto.
No sobre los motivos que te llevaron a convertirte en empresario.
Pero sí en los motivos que te mantienen como tal.
Porque cuando quieres ser empresario, todo lo haces para que tu empresa cada vez sea mejor, que tus empleados se desarrollen y crezcan, y que tus clientes obtengan siempre lo mejor de lo mejor.
Y cuando lo eres para no volver a ser empleado, todo lo que haces está centrado, generalmente, en ti mismo y en ganar lo máximo posible.
Y ya me dirás tú cuál de los dos crees que tendrá más posibilidades de lograr lo que quiere durante más tiempo.
¡Que pases un buen día!
Rafael Valero
PD – Con adrenalina se disfruta. Con miedo no.