El otro día me reuní con un tipo que me hizo recordar algo que pasaba hasta los años 90, o quizá un poco más.
Si eres un jovenzuelo no lo habrás vivido.
Pero antes las marcas de tabaco hacían tanto o más publicidad que los coches o la colonia.
Ya te digo si la hacían.
Porque antes fumar estaba bien visto.
De hecho, el que no fumaba era el raro del grupo.
Pero bueno, no te quiero hablar de lo mal que es el tabaco, sino de cómo utilizaban la publicidad algunas marcas, porque se lo trabajaban bastante bien.
Recuerdo el caso de Marlboro con el machote con sombrero de vaquero y un cigarrillo en la mano.
Algo tan “simple” hacía que millones hombres de aquella época asociaran el tabaco con la imagen de hombretón.
Y con un cigarro en la mano, aunque fueran unos mindundis, se sentían más poderosos que los demás.
Y los niñatos se sentían mayores.
Pero esto no pasaba, ni pasa, solo con el tabaco.
También pasa con la ropa de marca, los teléfonos, o los coches.
Que te pones un polo Ralph Lauren, unas gafas Gucci, y te metes en el bolsillo un iPhone sin funda, y ya te crees que tienes dinero.
Las personas somos así.
Unos más y otros menos, queremos dar una imagen que muchas veces dista bastante de la realidad.
Lo hacemos todos.
¿O no conoces a nadie que se haya comprado un coche que no le pega?
O que su casa sea exageradamente grande para vivir solo, y que todo el sueldo se le vaya en pagar la hipoteca.
Seguro que sí.
Bien.
Yo no voy a entrar ahora en si esto es bueno o malo.
Cada uno sabrá.
Ahora bien, cuando manejas una empresa has de tener un pelín de cuidado con cómo lo haces, porque lo que tú crees que te va a ayudar, quizá te complica la vida.
Volviendo al tipo con el que me reuní el otro día, justamente está en el punto en el que no le beneficia.
Hazte una idea…
Chiquillo de unos 25 años, supertrajeado, con corbata, zapatos brillantes, un Rólex en la muñeca (que ahora incluso dudo que sea original) y el iPhone siempre en la mano.
Viéndolo te imaginas que es el típico chaval exitoso.
De esos que te dan envidia.
Y casi me tenía engañado.
Al menos hasta que me llevó a su oficina.
Madre mía, yo he visto cosas cutres barateras y destartaladas en mi vida, pero aquella oficina no tenía nombre.
¿De verdad un tío que viste como ese utiliza esta oficina como despacho?
Antes de entrar mi intención era contratarle.
Cuando entré desapareció esa intención.
Y es que mira, la imagen es muy importante.
Pero es más importante que todo tenga paridad, porque si no es así, genera desconfianza.
¡Que pases un buen día!
Rafael Valero
PD – Yo no soy quién para decirte qué comprarte, pero sí tengo la suficiente experiencia para ayudarte a que todo lo que rodea a tu negocio sea parejo para que los clientes confíen más en ti.