¿Tienes la sensación de que a veces no te toman del todo en serio?
¿Sientes que no destacas, aunque no paras de hacer cosas para ello?
Pues presta atención, porque esto quizá te ayude a entenderlo y tomar medidas.
Verás.
Los empresarios estamos tan concentrados en gestionar nuestras empresas -sobre todo cuando las cosas no van demasiado bien-, que se nos olvida algo fundamental: nuestra propia imagen como personas.
Y no sé si eres muy consciente de ello o no, pero que tu reputación y tu marca personal sean buenas es fundamental para que a tu negocio le vayan bien las cosas.
Y, por lo tanto, hay que trabajarlas.
Ahora bien, no todos tienen clara la diferencia entre estos dos conceptos, y por eso puede que a la hora de trabajarlos no se haga bien.
Así que vamos a empezar por el principio.
Qué es la reputación:
La reputación es la opinión que tienen los demás sobre ti, y se basa en tus acciones, tus palabras y tu comportamiento.
O sea, que de alguna manera no lo puedes controlar, porque por muy bien que creas que haces las cosas, son los demás los que lo determinarán.
Y te ayuda a atraer clientes, conseguir socios, cerrar acuerdos, que te vean bien en el banco, que te recomienden, etc.
Qué es la marca personal:
La marca personal, en cambio, es la imagen que proyectas al mundo, y es la suma de tus habilidades, tus conocimientos, tus valores y tu personalidad.
Y sobre esto sí que tienes control directo.
Y te ayuda a diferenciarte de los demás, destacar en tu sector, etc.
Y además de lo que ya has leído, la principal diferencia entre ellas, es que la reputación es algo que se construye con el tiempo, mientras que la marca personal se puede crear de forma más rápida.
Tú puedes tener una reputación intachable, pero si tu marca personal no tiene un mensaje claro y te diferencia, jamás destacarás y serás el típico tipo de confianza al que todos pueden llamar, pero que solo llaman cuando las cosas se tuercen mucho.
O puedes tener una marca personal superfuerte, pero si tu reputación está coja, da igual lo bonito que lo pintes, que los buenos nunca confiarán en ti.
Así que, en definitiva, para que las cosas te marchen bien, tanto a ti, como a tu empresa, debes trabajar por igual ambos temas.
Sé ético y profesional, cumple con tus promesas y sé consistente en tu comportamiento, para que los demás tengan una buena imagen de ti, y créate un mensaje claro y conciso que comunique a la perfección lo que quieres transmitir, para que no se olviden de ti.
¡Que pases un buen día!
Rafael Valero
PD – Nadie dijo que ser empresario fuera fácil.