Hoy el tema va de reflexión.
La que me estoy haciendo desde que firmé el contrato para mi nueva empresa y ya no hay vuelta atrás.
Porque mientras no lo había firmado, aunque estaba prácticamente seguro de que todo iría para adelante, no terminaba de tener compromiso.
Pero ahora sí.
Ahora ya es de verdad.
Y te la voy a contar, porque quizá te sirva en el caso en que llegues a pasar por un proceso parecido.
Y, también, porque quizá al escribirlo me relaje.
Verás, la cuestión es que yo, hasta ahora, vivo como me da la gana.
Es decir, que no tengo horarios y trabajo cuando me apetece.
Que siempre es a las mismas horas, pero porque yo lo decido y puedo cambiarlo cuando se me antoje.
Tampoco estoy agarrado a una ubicación, y si quiero, puedo irme a la playa, a la montaña, o hacerme un viaje.
Que siempre trabajo en mi despacho de casa, pero porque yo lo decido y puedo cambiarlo también cuando se me antoje, porque para hacer mi trabajo solo dependo de tener un ordenador a mano. Y, a veces, ni siquiera eso.
Además, tampoco tengo empleados, solo subcontrato los que me van haciendo falta.
Y visto informal y cómodo, porque mi relación con los demás es prácticamente al 100% por videollamada.
Sin embargo, a partir del 1 de agosto todo eso se me acaba.
Volveré a tener un horario de trabajo.
Y aunque sí es verdad que seré el “jefe” y que lo tendré todo más o menos organizado desde el principio, eso no quita que, sobre todo en los primeros meses (al menos 1 año), deba estar muy pendiente en los horarios comerciales, y más allá.
Se acabó lo de trabajar en cualquier lado, porque aunque el negocio se desarrollará online, deberé tener una oficina en la que ir metiendo al montón de personal que tendré que contratar.
Porque va a ser mucho, ya que la propuesta de valor que voy a ofrecer, y la cantidad de servicios que se podrán contratar, es muy potente.
Y lo de vestir “cómodo”, como que también se me acaba.
No volveré al traje y la corbata, pero seguramente sí a la camisa y la americana.
Y es algo que me había prometido a mí mismo que no volvería a hacer.
Pero ¿sabes qué?
Que sarna con gusto no pica.
Y aunque ahora mismo estoy muy agobiado por el cambio de vida tan radical que voy a vivir a partir del día 1 de agosto, al menos tengo un objetivo por el que trabajar: tardar el menor tiempo posible en poder volver a vivir como lo hago ahora, pero consiguiendo que esta empresa me reporte mayores beneficios que los que tenía.
En fin, ya ves.
A veces nos metemos en líos que sabemos que nos van a complicar la vida, sin ninguna razón coherente.
Puede ser por aburrimiento.
Puede ser por la motivación del reto.
Puede ser por dinero.
Puede ser por cualquier cosa.
Porque a ver quién me manda a mí meterme en este berenjenal con lo bien que yo estaba.
Pero bueno, al menos mis clientes (los que tengo y los que tendré) lo podrán disfrutar.
¡Que pases un buen día!
Rafael Valero
PD – El día no tiene horas.