Yo siempre digo que, en esto de los negocios, soy un valiente.
Merceditas -mi pareja- dice que más que valiente soy un kamikaze.
No sé si tendrá razón o no.
Seguramente sí, porque suele equivocarse poco.
Pero es que cuando me entra el hambre de emprender algo nuevo, no hay Dios que me pare.
Y no miro nada.
Se me planta en la mente un objetivo, y ya solo se me ocurren cosas para hacer de esa empresa algo que los clientes no olviden.
Porque mira, en mi caso, por encima de ganar dinero con un negocio, está el ansia de ser el mejor del mercado.
Primero el mejor de los que tengo más cerca.
Después, el mejor de toda mi ciudad.
Y por último, el mejor del país.
¿Y por qué prefiero eso a ganar dinero?
Porque podrías pensar que es una cuestión de soberbia.
Pero no.
Es porque necesito sentirme orgulloso de lo que ofrezco.
Orgullo de representar a mi empresa.
Y si lo consigo, el dinero me llega como consecuencia.
Ya ves.
La mayoría monta un negocio para ganar dinero.
Y yo, menos el primero que monté, todos los demás tenían como único objetivo principal, ser el mejor del mercado.
El más guay.
El más llamativo.
El que mejor servicio ofreciera.
El que mejor imagen tuviera.
El que…
El mejor y punto.
¿Y cuántas veces lo he logrado?
Pues de las 6 empresas, lo he logrado en 2 ocasiones.
Pero ambas memorables.
Al menos para mí.
La primera vez fue con mi negocio de tiendas de telefonía.
Que con solo 2 tiendas, conseguí estar entre los 3 distribuidores más importantes de las Islas Baleares, y entre los 10 más importantes de Levante, “peleándome” con cadenas de 10 o más tiendas.
Y no llegué más allá, porque me compraron la empresa.
Y digo que me la compraron, porque yo no la tenía en venta.
De hecho, ni me lo había planteado.
Pero me hicieron una oferta que no pude rechazar.
La segunda vez fue con mi negocio de instalaciones.
Y esta fue aún más potente.
Porque sin tener ni la más remota idea del sector, logré, en apenas 3 años, crear un negocio con más de 100 empleados, y varias oficinas repartidas por distintas ciudades.
En este caso, mi empresa estaba entre los 10 proveedores más importantes de España para el partner principal.
Y ahí competía contra verdaderos monstruos.
Muy, muy monstruosos.
Pero no solo eso.
Es que le gustaba tanto mi propuesta al partner, que utilizaba mi estilo para enseñar al resto de distribuidores nacionales cómo deberían tener sus empresas.
Y, además, tenía un contrato encima de la mesa para expandir la propuesta por toda España y hasta Portugal.
La lástima es que cometí un error que jamás volveré a cometer, y de un día para otro se me desmontó el negocio.
¿Y por qué te he contado esto?
Pues porque del nuevo negocio que inicio tampoco controlo su parte técnica.
A nivel global sí.
Pero los detalles del core no.
Y por eso voy a tener una socia.
Porque ella sí tiene experiencia y lo controla.
Yo me dedicaré a la otra parte del negocio.
La de crear una propuesta wow, y hacerlo crecer.
Que no es poco, ¿no?
¡Que pases un buen día!
Rafael Valero
PD – Algún día te contaré el error que cometí.