Tengo un amigo que hace muchos años montó su propia empresa de redes informáticas y cosas de esas raras.
El chaval se hizo un curso, y como por aquel entonces no había mucha empresa que lo pudiera contratar, y él no quería ser camarero, pues empezó a trabajar por su cuenta.
Hoy su empresa tiene más de 50 empleados.
Ya sabes, uno de esos que hace las cosas bien y va escalando por el mundo de la empresa.
Pero yo no quiero hablarte de lo bien que ha sabido hacerlo.
Si no de una anécdota que me contó el otro día, y que demuestra lo mal que se lo montan los jóvenes.
Y con ello, el futuro tan jodido que tendremos los empresarios.
Verás, resulta que se le presenta un día un jovenzuelo buscando trabajo.
Y mi amigo, viendo que en el currículum ponía que se había formado en una buena academia, y como siempre está buscando gente talentosa, le propuso hacerle una prueba.
El chaval accede, pero tras acabarla mi colega comprueba que está demasiado verde.
Y no sé si es porque es un buen samaritano, o porque vio algo en el chico, pero la cuestión es que le propuso contratarle como becario para que acabase de formarse y cogiera experiencia, pero que le pagaría lo mínimo, ya que tenía que dedicarle mucho tiempo a formarlo.
El chiquillo acepta, y quedan en que empezaría al día siguiente.
Pero la sorpresa vino al finalizar ese mismo día, porque mi amigo recibe un mensaje del chaval diciéndole que no vendría a trabajar, porque lo había estado pensando y prefería seguir formándose.
Toma ya.
Mi amigo me lo contaba muy incrédulo, pero a mí no me sorprendió nada, porque me ha pasado más de una vez.
Y por muchas vueltas que le doy, de verdad que no logro entender qué pasa por la mente de los jóvenes de hoy, y el encabezonamiento que tienen por formarse más y más.
Y ojo, que no digo que no haya que formarse, todo lo contrario.
Pero es que lo hacen sin lógica alguna.
Después no me extraña que salgan al mercado laboral con 30 años, y que no los contrate ni Dios, porque aunque sí tienen un montón de títulos, no saben hacer la «o» con un canuto.
Y qué quieres que te diga, yo prefiero un trabajador sin estudios, pero que sepa hacer el trabajo para el que lo contrato, que el que tenga un montón de estudios, pero que no los haya aplicado nunca en la vida real.
El becario de mi amigo puede que no quisiera ni empezar porque el sueldo le pareciera muy bajo, y puso como excusa lo de seguir estudiando para no decir la verdad.
O puede que la inseguridad le hiciera creer que cuanta más formación tuviera mejor empleo encontraría.
No lo sé.
Pero lo que sí sé es que esto pasa cada día más, y que siendo así, los empresarios lo tenemos muy negro.
Porque sí, tendremos empleados en nuestras filas con un palmarés formativo impresionante, pero lo que necesitamos es gente resolutiva que nos ayude a llevar nuestro negocio hasta lo más alto, no gente que se sabe de memoria un montón de datos que, salvo en casos muy concretos, no van a poder aplicar en el día a día.
En fin, lo bueno de esto es que lo sabemos y podemos prepararnos para ese futuro que cada vez está más cerca.
¡Que pases un buen día!
Rafael Valero
PD – Esta anécdota también nos enseña lo importante que es hacer las preguntas adecuadas en las entrevistas de trabajo.