Ayer estuve hablando con un empresario que conozco, que tiene un quilombo de cuidado en la cabeza.
Uno de esos que te dejan tan bloqueado, que no sabes si acelerar o frenar.
Ya sabes, una situación del estilo de que en cuestión de días te vas a quedar en números rojos en la cuenta bancaria.
Y no sabes si irte al banco a rogar para que te den un préstamo, o si cerrar la empresa y buscarte un trabajo.
El caso es que me preguntaba que qué opinaba yo de sus opciones.
Opciones que básicamente pasaban por crear un nuevo servicio, porque lo que vendía hasta ahora estaba claro que no le funcionaba.
Y que aunque lo iba a tener varios meses trabajando como un loco, después le iba a dar una rentabilidad de esas que merecen la pena.
Y no me voy a enrollar demasiado contándote sobre qué iba ese nuevo servicio, porque tampoco sabría explicártelo en pocas palabras.
Pero quizá con lo que le dije, te haces una idea.
“Estás cometiendo el mismo error que con lo que tienes ahora, y es que tus ideas nacen desde un lugar equivocado. Estás pensando en servicios desde el yo. Especialmente, desde la necesidad que tienes de conseguir dinero, y no desde la necesidad que pudieran tener tus clientes potenciales”.
Y es que, el problema que tiene crear productos o servicios pensando en ti mismo, y no en el cliente, no es más que poner parches a tu negocio.
Porque mientras no pongas al cliente en el centro de todo y empieces a basar tus decisiones en lo que él quiera, lo único que vas a hacer es improvisar todo el rato.
Algo que en los negocios no es muy recomendable.
Si no tienes meridianamente claro a quién vas a ayudar con lo que vendas, jamás podrás crear productos que merezca la pena, ni podrás tener un discurso coherente cuando hagas marketing.
O sea, que tu negocio seguirá sin ser sólido hasta que todo lo que hagas gire en torno al cliente.
Es así de simple.
Yo lo aprendí de malas maneras, pero desde entonces ya no lo he planteado de manera distinta.
Todas las decisiones que tomo giran en torno a un determinado tipo de cliente.
En concreto, a pequeños empresarios cuyo negocio es “tradicional” y tienen empleados, o los van a tener en breve, y que lo que necesitan es apoyo en todo lo relacionado con la organización, la productividad y la gestión de sus negocios.
Ese es mi público, y toda mi estrategia de captación, ya sea en redes sociales, publicidad, emails, servicios, productos, páginas de venta, y lo que sea que cree a nivel de marketing gira siempre en torno a ellos.
Y nunca, nunca, baso mis decisiones en una urgencia económica, una preferencia personal, o una corazonada.
Todo se centra en lo que escucho a mis clientes, en lo que he vivido en mis propias carnes, y en lo que veo que les pasa.
Así lo hago yo. Así lo hacen aquellos a los que les van bien sus negocios. Y así deberías hacerlo tú.
¡Que pases un buen día!
Rafael Valero
PD – Si estás en medio de un quilombo de estos, por cada día que pase más riesgo tienes de tomar una decisión equivocada. Así que quizá te merezca la pena la inversión.