Seguro de que has escuchado muchas veces eso de…
«Castiga» en privado, y felicita en público.
Una máxima que deberíamos cumplir siempre con nuestros empleados, si queremos que nos respeten. O al menos, que no nos abandonen.
Sin embargo, a día de hoy en que todo gira en torno a ser un superlíder, todavía hay muchos empresarios a los que se les olvida.
Y cuando no lo sabes, pues tienes una excusa.
Pero sabiendo que castigando en público haces mucho más daño que el beneficio que se puede obtener, pues no hay perdón.
Y es que el refrán ese de «la letra con sangre entra», ya no es aplicable, desde hace mucho tiempo en las empresas modernas.
Ahora, lo que conocíamos como jefes ya no son bien vistos, y hay que actuar como líderes comprensivos que cuidan de su personal.
Y créeme que lo entiendo.
No es fácil reprimirse cuando un empleado mete la pata.
Especialmente si es una metedura de pata muy grande.
Y además, no sé si será casualidad, o que los planetas se alineen.
Pero por regla general, cuando ocurre una de estas situaciones en las que hay que llamar la atención a un empleado, siempre nos pilla en público.
Y cuando digo público, me refiero tanto a que puede que haya solo un empleado más, o a que la tienda esté llena de gente.
Y en esos momentos no es fácil acordarse que hay que llevar el gorro de líder.
Porque en el día a día estamos demasiado pendientes de que las cosas vayan saliendo bien, y por eso, cuando un empleado mete la pata, pues explotamos.
Y si somos personas «comedidas», pues la bronca quizá sea suave. Pero si somos más impulsivos, quizá se nos escape alguna barbaridad en un tono algo más fuerte del que podríamos considerar adecuado.
Yo podría darte unos cuantos consejos sobre cómo actuar y comportarte en estas situaciones.
Lo que pasa es que hay tantas situaciones y grados distintos en que un empleado la puede liar, que quizá este email se haría eterno.
Pero lo que sí puedo darte es unos cuantos tips que te servirán para todos los casos, sea cual sea el grado de metida de pata.
Lo primero y fundamental, si no estáis solos el empleado y tú, es que NO DIGAS NADA.
Párate unos segundos. Piensa.
Estate tranquilo y no te pongas nervioso por muy grave que parezca la situación.
Cuando hables, no levantes la voz. Y para evitar que lo primero que te salga por la boca sea una reprimenda, efectúa una pregunta.
Pregúntale qué ha pasado, aunque sea notablemente obvio lo que sea que haya pasado.
Y una vez que te responda, dile que te acompañe y te lo llevas aparte, donde nadie pueda escucharos.
Aunque si eres capaz de reprimirte, no lo hagas en ese momento.
Más tarde, o incluso al día siguiente, cuando ya nadie se acuerde de la movida, cógelo aparte y habla con él.
Porque a los empleados les duele igual que le llames la atención en público, que el que los demás sepan que le estás llamando la atención aunque no escuchen lo que le estés diciendo.
Reconozco que todo esto es fácil de decir, pero no es tan sencillo de llevar a la práctica.
A mí me costó horrores llegar a hacerlo así.
Porque aunque yo soy bastante tranquilo, hay veces que es tan gorda la que lían los empleados, que es difícil no soltar un improperio.
Pero si lo practicas, al final lo integrarás y lo harás como un profesional.
Y si crees que necesitas ayuda con esto, pues solo tienes que contratar una consultoría conmigo.
Disfruta del día!
Rafa Valero
P.D. – Ser empresario no es fácil, pero se puede aprender.