Desde que trabajo ayudando a otros empresarios he visto de todo.
Gente que lo ha petado.
Y gente que se ha quedado en el camino.
Y si hay algo que he aprendido, es que el miedo al fracaso es infinitamente peor que el propio fracaso.
Y te aseguro que sé de lo que hablo, porque yo mismo he pasado por ahí, y por miedo a equivocarme me he quedado frenado muchísimas veces.
Tantas que no puedo ni contarlas.
Pero de entre todas, hay una que recuerdo especialmente y de la que me he arrepentido como no te imaginas.
El caso es que mi partner principal me proponía expandir mi negocio desde Barcelona hasta Portugal y convertirme en el amo en España, como “premio” a lo bien que lo estaba haciendo en mi plaza.
Como te puedes imaginar, la idea me motivaba muchísimo.
No solo por la de dinero que podría llegar a generar.
Si no, también por ego.
Porque iba a ser el referente a nivel nacional.
Sin embargo, en mi cabeza pesaba más el “y si…” que la motivación.
Ya sabes…
¿Y si no funciona como espero?
¿Y si no soy lo suficientemente capaz?
¿Y si pierdo todo lo que he ganado hasta ahora?
¿Y si a mi pareja no le gusta la idea de cambiarnos de ciudad?
¿Y si me equivoco y la gente se ríe de mí?
¿Y si…?
Es curioso cómo aun habiendo pasado por mil fracasos, y diciéndome a mí mismo continuamente que soy un valiente en los negocios, pude paralizarme tanto en esa ocasión.
Ocasión que evidentemente perdí por pensármelo demasiado.
Porque quien no vaciló tanto hoy está donde yo hubiera podido estar.
Mira, muchos, incluido yo en esa ocasión, no actúan para no fracasar.
Es verdad que mi caso era un tanto especial porque lo que tenía delante era muy grande y no podía tomar una decisión a la ligera.
Pero es que la mayoría se atasca hasta en cosas bien pequeñitas.
Y a ver, que tampoco es tan grave.
Cada uno es libre de arriesgarse o quedarse como está.
Pero después no te puedes quejar de que no avanzas.
Porque igual que no actuar te evita equivocarte, también te elimina la posibilidad de tener éxito.
Y qué quieres que te diga, después de haber vivido lo que he vivido, y de haber visto lo que he visto, casi que es mejor intentarlo y fallar, que tener que lamentarte por no haberlo intentado.
Yo ya no puedo recuperar aquella opción, pero si tú tienes delante una decisión de estas y necesitas una visión externa, quizá yo pueda ayudarte.
Porque muchas veces la indecisión no viene por miedo, sino por falta de visión.
¡Que pases un buen día!
Rafael Valero
PD – Recuerda que el éxito no es un destino, es un camino, y la mejor forma de recorrerlo es haciendo.