Te voy a contar lo que me ha pasado esta mañana, porque si tú piensas igual, quizá deberías replantearte muchas cosas.
Verás, hoy me he reunido con una empresaria que quería contratar una mentoría porque hacía un año que había abierto su tienda y apenas vendía nada.
Yo en estas reuniones estratégicas previas a la contratación suelo hacer preguntas que me hagan ver un principio de dónde puede estar el problema para saber si le puedo ayudar o no.
Y una de las preguntas que le he hecho ha sido: “¿Cuéntame qué haces para captar clientes?”
Y ella me ha respondido que poco puede hacer porque está sola en la tienda, y que más allá de cambiar el escaparate de vez en cuando, solo le queda esperar a que entren los clientes.
Ahí está el problema, le he dicho, ¿cómo esperas captar clientes si no haces nada más que estar sentada detrás del mostrador?
Y ella, medio sorprendida y medio indignada, va y me dice: “¿No decís los que sabéis, que en los negocios hay que ser paciente?”
Toma ya.
La primera en la frente.
La conversación ha continuado durante un rato y ya veremos si me contrata o no.
Pero eso no es lo importante.
Lo importante es que esta mujer estaba confundiendo paciencia con pasividad.
Y esa confusión puede hacer que hasta el negocio más próspero se hunda.
Y como no quiero que a ti te pase, te voy a hablar de ello, no vaya a ser que tú también lo estés confundiendo y por eso no vendas todo lo que te gustaría.
Mira, la paciencia es una virtud, y la pasividad un defecto.
Si hacemos un símil con la pesca, ser paciente sería tirar la caña y esperar sin agobiarte a que piquen los peces.
Te recuestas, te levantas a por una cerveza, lees un libro, escuchas música, sueñas mientras miras al horizonte, y de vez en cuando, pues compruebas que el hilo está tenso.
Sin embargo, ser pasivo sería esperar a que picaran los peces, pero sin haber tirado primero la caña.
Y en los negocios pasa igual.
Ser paciente es poner publicidad, arreglar el escaparte, enviar emails a los clientes, llamarlos, visitarlos, moverte en redes sociales, y un montón de cosas más, que según tu tipo de negocio y el arte que tengas a la hora de hacer todo eso, te dará más o menos resultados, y en más o menos tiempo.
En cambio, ser pasivo es abrir las puertas cada día a la misma hora y esperar a que entren los clientes por arte de magia.
¿Te lo he explicado bien?
Espero que sí, porque poco más hay que decir sobre el tema.
Así que mira cómo de paciente o pasivo eres, y actúa en consecuencia.
¡Que pases un buen día!
Rafael Valero
PD – Si descubres que eres pasivo y que no sabes bien cómo ser paciente, puedes mirar aquí