¿Sabes esos días en que te levantas con un ánimo tan fuerte, que casi estás deseando que te vengan problemas porque no hay nada en el mundo que te pueda joder el día?
Pues así me levanté yo ayer.
No tengo una explicación lógica del porqué, pero me pasó.
Y es raro, porque lo habitual es que me levante cansado.
No triste, pero sí cansado.
La cosa es que ahí estaba yo radiante y muy motivado para enfrentarme hasta al toro con los cuernos más grandes.
Mi postura mental era como la de los porteros cuando se acercan los contrarios con el balón.
Ya sabes, dando saltitos a un lado y al otro, con las manos preparadas para agarrar la pelota, y diciendo mentalmente: “vamos, vamos, que aquí estoy yo para cogerla”.
Pues bien, no había llegado el medio día, y ya me habían jodido el día.
Una simple llamada telefónica y se fue al traste todo el buen rollo que tenía.
¿Me dieron una mala noticia?
Qué va. Aunque casi que lo hubiera preferido, porque así al menos tendría una razón de peso para el bajón.
Solo es que me llamó un negativo.
Uno de esos que solo ve problemas y que cualquier cosa es buena para quejarse.
Y este se quejó.
Ya te digo si se quejó.
Empezó criticando a sus empleados, continuó con los clientes, y acabó con el gobierno.
Mi mujer me cataloga de borde, porque dice que se me nota demasiado cómo ignoro a algunos.
Pero lo que pasa es que ella es un encanto que aguanta lo que le echen.
Y yo, sin embargo, procuro mantener a los perdedores, los negativos y los desdichados todo lo lejos de mí como puedo.
Aunque está claro que yo con este no fui lo suficientemente hábil.
Mira, este tipo de gente, que estoy convencido de que no lo hacen con mala intención, solo consiguen contagiarte sus malas vibraciones.
Y si eres funcionario, pues quizá te venga hasta bien para mantener la paridad de imagen que todos tenemos de ellos.
Pero si eres empresario no te lo puedes permitir, porque dirigir tu imperio pensando solo en cosas malas, te ayuda a cualquier cosa, menos a avanzar.
Así que mi consejo de hoy es que, si tienes un empleado, un cliente, un amigo, o incluso tu pareja, que no paran de quejarse de todo, que critican a diestra y siniestra, o que parece que todo en sus vidas es negativo, deshazte de ellos.
Si es un empleado, despídelo cuanto antes, porque aunque probablemente tú puedas evitarle, tus otros empleados seguro que no pueden, y manteniéndolo solo conseguirás mal ambiente en la empresa.
Si es un cliente, deja de trabajar con él. Y si te supone un problema por la facturación que podrías perder, busca un nuevo cliente antes, pero despídelo también en cuanto puedas.
Con un amigo y con tu pareja lo tienes más complicado, pero también puedes.
Solo piensa cuánto te afecta esa actitud, y toma las decisiones oportunas.
Yo, para no ir más lejos, tengo más de un amigo al que solo llamo en fechas clave, pero ni borracho se me ocurriría irme a tomar un café con él.
En fin, espero no haberte aguado el día.
¡Que pases un buen día!
Rafael Valero
PD – Todos los días no pueden ser buenos, pero que no dejes que sean otros los que te lo fastidien.