En lo que tiene que ver con tu empresa, todos los detalles cuentan.
Incluso el más pequeñito de todos.
Porque hasta el producto o servicio más espectacular se puede ir al traste simplemente porque la recepción de tus instalaciones estén desordenadas.
El problema es que la mayoría de los empresarios ponen todo su enfoque en las cosas «grandes».
Es decir, en cosas como, por ejemplo, que el servicio o producto sea mejor, en la puntualidad, o en cualquier cosa que sea notablemente obvia.
Y todo eso está muy bien y es necesario si quieres vender.
Sin embargo, ¿de qué te sirve que tus empleados sean muy puntuales, si llevan el uniforme sucio?
De lo que se trata es de no darles a los clientes una excusa para quejarse.
Porque errores cometemos todos. Forma parte del día a día, y la mayoría de los clientes lo pueden entender.
¿Pero por qué ponerles en bandeja un motivo para no comprarnos?
Porque que tú pienses que según qué detalles es de tiquismiquis da igual, porque lo que importa es lo que percibe el cliente.
Y si no, fíjate en ti mismo, y en qué hace que compres en unos proveedores sí, y en otros no.
Especialmente en esos casos en los que por el mismo producto o servicio pagas más caro.
Podría ser por un motivo tan simple como que el comercial con el que tratas es más simpático que el de su competencia.
Reflexiona sobre esto.
Y si piensas que quizá es verdad lo que te digo, hazte una lista de aquellas pequeñas cosas que sabes que se podrían mejorar, pero que como no son «importantes» las tienes ahí abandonadas.
Cosas como por ejemplo, la alfombrilla de entrada que está deshilachada, letreros con polvo que no se limpian porque están altos, el vendedor que se come las uñas…
Pero no te quedes solo en la lista. Después planea cómo solucionarlo según la prioridad que consideres.
Aunque el simple hecho de que hagas esa lista y te hagas consciente de los detalles que se podrían mejorar, ya es un gran adelanto.
Disfruta del día!
Rafa Valero
P.D. – Los fines de semana son un buen momento para este tipo de reflexiones. Así que vete a tomar un café a la cafetería que más te guste, y llévate una libreta y un boli para anotarlo todo.