En los más de 30 años que llevo como empresario me han pasado cosas muy raras.
Pero esta que te voy a contar ahora es, probablemente, la más extraña de todas.
Verás.
Un día cualquiera, estaba yo en mi oficina, cuando de repente me llega una notificación del juzgado para que me presente y demuestre el pago de las nóminas a mis empleados.
Asustarme, no me asusté, porque a esas alturas ya estaba más que harto de recibir notificaciones de todo tipo de organismos oficiales.
Pero esta era rara, porque no entendía a cuento de qué pedían eso.
Revisando la notificación, veo que todo viene porque uno de mis empleados me había denunciado por no pagarle la última nómina.
Y mira, yo he pasado muchas etapas en las que he tenido que pagar las nóminas tarde.
Y aunque generalmente les avisaba de los problemas, siempre podía haber algún “rebotado” que no lo aceptase.
Pero en esa ocasión no era el caso.
Yo estaba al día.
Lo curioso del tema es que el empleado no me había dicho nada.
Que eso hubiera sido lo normal, ¿no?
Y no nos llevábamos mal.
Simplemente, el tipo estaba convencido de que le debía una nómina, y se había ido al juzgado a denunciarme.
Tiempo después descubrí que es que el chaval tenía una novia que trabajaba en un sindicato, y le había recomendado que me denunciase sin ni siquiera decirme nada.
Menuda profesional.
Pues bien, sin contar los quebraderos de cabeza y el tiempo que tuve que dedicarle a esto, la niñatada de este empleado me costó una buena pasta porque tuve que pagar a mi abogado por la gestión.
Ya que, según la ley española, siempre es el demandante (en este caso el empleado) el que debe demostrar lo que está denunciando.
Siempre, a excepción de cuando se trata del impago de salarios, que en ese caso es la empresa la que debe demostrarlo.
Bien.
El caso es que yo pude demostrar el pago de la nómina sin problemas, porque las pagaba por transferencia bancaria y tenía los justificantes.
Menos mal.
Pero alucina, porque aquí viene lo más fuerte.
El empleado, cuando denunció, lo hizo porque la transferencia que le hice no le cuadraba con lo que él esperaba cobrar.
Le faltaban las horas extra de haber trabajado un domingo.
Y en lugar de decir en el juzgado que le faltaba eso, lo que dijo es que le debía la nómina entera.
Sorprendente.
Cuanto más pensaba en el tema, más flipaba.
Y si me hubiera sobrado la pasta lo habría denunciado yo a él por denuncia falsa.
Porque sí que se las había pagado.
Lo había hecho en efectivo.
¡Y tenía el comprobante de pago firmado por él!
Cuando le pregunté al empleado el porqué de todo esto, me dijo que es que no se acordaba de que se lo había pagado.
Y que en un día de calentura, y tras comentarlo con su pareja (la sindicalista), no pensó y me denunció.
Si me hubieran cortado no hubiera echado ni una gota de sangre.
En fin.
Lo que tú debes aprender de esta asquerosa experiencia, es lo importante que es que documentes todos los pagos.
Especialmente si pagas en efectivo.
No sueltes ni un euro sin que haya un papel firmado por quien lo recibe.
Incluso si solo es una entrega de dinero para que le echen gasolina a un coche de la empresa.
Porque te puede salir un empleado “raro”, como este que tuve yo, y costarte un buen disgusto.
¡Que pases un buen día!
Rafael Valero
PD – Al coste de mi abogado tuve que sumarle la indemnización por el despido del empleado, y todo lo que conlleva contratar a uno nuevo.
Porque yo no puedo tener junto a mí a un empleado que, aunque está en todo su derecho a denunciarme, lo haga sin hablar conmigo antes.