Cuando nuestra empresa es pequeñita y contratamos empleados, rara vez nos da por analizar a fondo cuál es el trabajo que deben desempeñar.
Unas veces, porque nuestra idea es que esa persona haga de todo (generalmente porque será el único empleado).
Otras, porque es que en realidad no sabemos muy bien cuáles son esas tareas, ya que probablemente no las hemos hecho nunca.
Y un buen montón de veces, porque directamente no lo pensamos, ya sea porque no tenemos tiempo, porque es que no lo tenemos del todo claro, o lo más habitual, que no sepamos que hemos de hacerlo.
Nosotros los contratamos y les ponemos a hacer aquello que más nos urge, y ya le iremos dando trabajo a medida que vaya saliendo.
Sin embargo, no te haces una idea de lo importante que es.
Porque la diferencia entre hacerlo y no hacerlo, es abismal teniendo en cuenta la de problemas que te puede generar a futuro.
Y te voy a exponer un caso que me toca de cerca, para que lo veas por ti mismo.
Aunque es tan habitual esto que te voy a contar, que seguramente ya lo estés viviendo, o lo hayas vivido.
Y si no lo has vivido, y no me haces caso, no te preocupes, porque lo vivirás y ya verás como no mola nada de nada.
Verás, una de mis clientas tiene tres empleados.
Dos de estos empleados están en un área de la empresa, y uno está en otra área.
Son dos áreas bien diferenciadas y con tareas muy distintas.
Pero como es una empresa pequeñita y están todos juntos, pues más o menos todos son capaces de hacer de todo.
Pues bien, resulta que de los tres empleados, los dos que están en la misma área van agobiadísimos y apenas les da tiempo a hacer todas las tareas.
En cambio, el otro empleado va por debajo del 50% de su capacidad de trabajo.
Es decir, que podría hacer perfectamente el doble del trabajo que hace.
Cuando se le pregunta a este empleado que por qué no echa una mano a sus compañeros, lo primero que responde es que sí que les ayuda.
Y es verdad, les ayuda.
De vez en cuando responde al teléfono y les coge las nota para que después devuelvan las llamadas.
Pero claro, como esto y nada es casi lo mismo, se le insiste.
Y entonces responde una de esas cosas que a los empresarios menos nos gusta escuchar.
Y no porque no tengan razón, sino porque sí que la tienen y solo demuestra lo cafres que hemos sido.
Esta es la frasecita: “Es que a mí no me han contratado para eso”.
¿Te suena?
Claro que te suena.
¿Y qué se puede hacer en estos casos?
Pues poco y nada.
Porque tú sabes que tiene razón.
Y si no lo sabes, tu problema es doble.
Y la rabia te come por dentro.
Por un lado, porque tiene razón, caray.
Y por otro, porque su actitud antisolidaria no es la del tipo de empleado que quieres en tu empresa.
Y ante eso, poco puedes hacer que no sea buscar trabajo de lo suyo para llenarle las horas y que al menos tú tengas un motivo para no hacer lo que quieres.
Que, por un lado, sería obligarle a ayudar a sus compañeros.
Y, por otro, despedirlo.
Pero hagas lo que hagas, ya te digo yo que has perdido.
Si un empleado te dice eso, has perdido.
Porque si le obligas a ayudar haciendo tareas que no son las suyas, puedes estar seguro de que no las hará con gusto.
Y si se equivoca, tampoco podrás exigirle responsabilidad.
Y si optas por despedirlo, pues ya sabes cómo va esto… te va a costar pasta.
Así pues, piensa.
Si has de contratar empleados, piensa primero qué tareas ha de hacer.
Y aunque no es lo más recomendable, siempre será mejor decirle que va a tener que hacer más tareas de las que le corresponde, y después ir quitándoselas, que decirle que su función se limita a su área o función básica, y que después no seas capaz de generarle suficiente trabajo para ocupar su jornada.
¡Que pases un buen día!
Rafael Valero
PD – Estas cosas se solucionan aquí, o para aclarar cómo hacerlo, o para ahorrarte un montón de tiempo y disgustos.