Dirigir una empresa da miedo.
Y el que diga que no, miente.
Es verdad que los años y los guantazos lo minimizan.
Pero sigue existiendo.
Yo llevo más de 30 años siendo empresario y aún lo paso mal frente a demasiadas circunstancias.
Y es que, uno puede estar muy seguro de sus habilidades y conocimientos.
Y puede haber vivido miles de experiencias.
Pero hay tantas situaciones externas que lo pueden tirar todo al traste, que muchas veces tomar decisiones es de una valentía sin igual.
Ahora bien, no es lo mismo decidir con miedo, que decidir basándote en el miedo.
Con lo primero quizá te llamen loco.
Y aunque puede que tropieces, también puede que no, pero avanzas.
Con lo segundo simplemente estás siendo cobarde, y aunque quizá también avances, desde luego será muchísimo más despacio.
Entonces, por si no tuvieras muy claro qué nivel de locura o cobardía tienes, te voy a listar unas cuantas situaciones que te lo mostrarán, por si es que quisieras hacer algo al respecto:
“Piensas que para qué ser millonario, si con un sueldecito que te permita vivir cómodo ya te basta”
“No subes tus tarifas porque crees que tus clientes no pueden pagar más, o que se irían a la competencia”
“No inicias ese proyecto que llevas tanto tiempo preparando, porque conlleva tanto trabajo, que te agobia solo de pensarlo”
“Te preocupa cambiar la forma en que estás captando clientes, aunque con el método que utilizas no consigues todos los que te gustaría”
“Ves las redes sociales como una invasión de tu privacidad, y no solo no estás presente tú, sino que tampoco lo está tu empresa”
“Crees que a más formación tengas, menos inseguridades sentirás”
“Piensas que tu mercado ya está saturado”
“Te impone más lo que piensen tus detractores, que lo que le gustas a tus compradores”
“Tu estrategia para marcar los precios es mirar cuánto cobra la competencia y poner los tuyos un poco más baratos”
“Cuando te preguntan que cuál es tu ventaja competitiva, lo que respondes es que sois muy profesionales y que el trato con el cliente es cercano”
“Te agobia salir a visitar clientes”
“Lo que sientes cuando a un competidor le salen bien las cosas es envidia, rabia, enfado, frustración…”
“No visitas clientes de renombre porque te intimidan”
“No te centras en un nicho específico del mercado por miedo a perder oportunidades de negocio”
¿Qué? ¿Con cuántas de estas situaciones te sientes identificado?
¿Con dos?
¿Con tres?
¿Con cinco?
Pues eso.
Ahora bien, ¿esto tiene solución?
Pues sí.
Y aunque depende de tus circunstancias específicas, lo que sí te puedo decir es que buena parte de ella está en que dejes de esperar a que pasen las cosas.
Deja de esperar a que vengan los clientes.
Deja de esperar a que tu web se posicione.
Deja de esperar a que toquen a tu puerta los empleados profesionales.
Deja de esperar el error de los competidores.
Deja de esperar…
No sé, yo de ti dejaría de esperar.
¡Que pases un buen día!
Rafael Valero
PD – Es mejor decidir con miedo, pero decidir, que quedarte parado.