La semana pasada estuve comiendo con uno de mis primos, y me contó una de las historias más cañeras que me han contado nunca.
Verás, mi primo tiene una hija de 11 años que se llama María y que corre.
Es decir, que hace atletismo.
Pues bien, en la prueba del primer campeonato infantil en el que la niña corría, había apuntados solo 3 niños.
Imagínate.
Comienza la carrera y los niños salen a correr como si no hubiera un mañana, mientras los padres animaban desde las gradas con un punto de tensión.
María se esfuerza al máximo, y aunque corre como los galgos, cuando llega a la meta lo hace en tercer lugar.
Es decir, la última.
¿Tú crees que la cría estaba decepcionada?
Qué va.
Mi primo, bastante emocionado, me contaba que tras pasar la línea de meta, la cría fue corriendo hacia él gritando: “¡Papá, papá, he llegado la tercera!”, “¡Tengo medalla de bronce!”
Vale, vamos con la reflexión.
¿Me dirás que no es maravilloso?
Solo 3 participantes, y María, que podía haberse hundido por llegar la última, estaba más contenta que unas castañuelas porque había conseguido medalla de bronce.
Y esto me llevó a pensar en algo que ya comenté hace un tiempo, y que seguro que volveré a tratar…
¿Con la actitud se nace, o hay que hacerla?
¿María ya era así desde pequeñita, o es el entorno el que la había convertido en eso?
Mira, yo creo que la actitud se entrena.
Cuando te pasa algo, tú puedes elegir verlo de un modo o de otro.
Incluso las cosas muy malas puedes verlos con ojos positivos.
Y estate seguro de que sé de lo que hablo.
Tú solo cambia el: ¿Por qué me tiene que pasar esto a mí?, por el: ¿Qué puedo sacar de esto?, ¿En qué me beneficia?
Porque siempre, siempre, hay algo que te aportará valor, por muy malo que sea lo que estés viviendo.
Basta con que lo entrenes.
Al principio será duro y te costará ver el lado bueno de las cosas.
Pero llegará un día en que ya no serás capaz de ver lo malo. O al menos pasará más desapercibido.
¡Que pases un buen día!
Rafael Valero
PD – Cuando me despedí de mi primo me fui pensando en qué habría sentido el niño que entró en segundo lugar.
El de la medalla de plata.
¿Sintió que había perdido, o sintió que había superado a María?
No lo sé.
Pero espero que sus padres le ayudaran a ver el lado bueno.