Mira, hay un fenómeno por ahí que afecta a muchos empresarios, y que si no se gestiona bien, puede ser un problema gigantesco.
Aunque muchos lo ven como una bendición.
Se trata del síndrome del explorador, o lo que es lo mismo: la adicción a aprender cosas nuevas.
Si lo padeces, probablemente pienses que no ves dónde está el problema.
Pero si sigues leyendo lo entenderás.
Porque si bien aprender cosas nuevas está muy bien, ser adicto a ello ya no lo está tanto.
Estos empresarios son esos que en cuanto oyen la palabra “nuevo”, se tiran como locos a por ello.
Y si lo hicieran a la vez que continúan con lo suyo, pues mira, ole por ellos.
Pero es que, por regla general, abandonan todo para lanzarse a esa novedad.
Les emociona tanto la aventura y enfrentar nuevos retos, que dejan de lado sus empresas para vivir lo nuevo.
¿Te suena?
¿Conoces a alguien que no para de montar empresas de todo tipo, pero que ninguna termina de funcionar nunca, aunque está claro que tienen posibilidades?
Pues ahí lo tienes.
A esta gente se la suele llamar “cabras locas” o faltos de compromiso.
Pero la realidad es que no son ninguna de las 2 cosas.
Simplemente, es que se aburren.
Y cuando pierden la emoción lo dejan todo.
Y yo lo entiendo, porque de alguna manera me pasa lo mismo.
Me encanta la parte de iniciar la empresa.
Pensarlo todo, planificar, buscar los primeros clientes, vender mi idea…
Lo que pasa es que nunca terminas de ser feliz.
Porque si bien estás entretenido durante un tiempo, sabes que se pasará y que tendrás que buscar algo nuevo.
Y bueno, si no terminas de ser feliz, pero ganas suficiente dinero, pues al menos te quitas un problema de encima.
Pero claro, como abandonan a lo bestia, pues lo de ganar dinero no es tan sencillo.
Y aunque a ellos no les importa, a sus familias sí.
Y eso no se puede pasar por alto.
Ahora bien, esto es un problema gordo si se actúa tal cual te lo he expuesto aquí.
Pero si eres capaz de llevar cada empresa que inicies hasta el punto de poder dejarla en manos de un gerente, o buscarte un socio que la siga gestionando, pues el problema deja de existir y se convierte en una bendición.
Así que medítalo.
Porque por si no sabías por qué te pudiera estar pasando, ahora ya lo sabes.
¡Que pases un buen día!
Rafael Valero
PD – Preguntas pronto.