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El peor cuello de botella que existe

Por Rafael Valero

Anoche estaba en la cama y no podía dormirme.

Estaba emocionado porque había encontrado la solución a algo que me tenía atascado desde hace tiempo y no dejaba darle vueltas.

Quería hacerlo ya. No podía esperar.

La cuestión es que como me iba a llevar un rato hacerlo tampoco era plan de ponerme a esas horas.

Así que mi solución fue hacerle caso a la televisión.

Mi idea era dejar de pensar en lo que iba a hacer al día siguiente, y entretenerme con cualquier cosa banal y superflua.

Y mientras hacía zapping por la inmensidad de canales que existen, fui a caer en uno en el que estaban dando el programa Pesadilla en la cocina del peculiar chef Chicote.

Este es un programa que a mí personalmente no me gusta, porque todos los episodios son exactamente iguales, y además está bastante claro que es un montaje.

Pero para pasar el rato me valía, porque si me pongo una serie o una película, ya sí que es verdad que no duermo para ver el final.

Aunque eso mismo que yo quería evitar, es lo que me pasó con el episodio de ayer del Chicote.

El episodio se podría resumir en una sola conversación de 4 frases:

Empresario: Esto se hace así porque yo soy el puto jefe y quiero que se haga así
Chicote: Ya, pero es que no funciona. ¿No ves los problemas que te está dando?
Empresario: Eso es lo que tú crees, porque yo no lo veo así, por lo que pienso seguir haciéndolo.
Chicote: ¿Y entonces para qué me has llamado?

Para ponerte en contexto…

Resulta que el empresario era el centro absoluto de todo.

Nada nuevo.

Todo se hacía como él decía.

Esto también podríamos considerarlo algo casi normal.

El problema es que no todo lo que decía sobre cómo se tenían que hacer las cosas estaba correcto.

Pero bueno, él era experto en cocinar, no en gestionar empresas.

Para que te hagas una idea, de entre las cosas que no hacía del todo bien, estaban, por ejemplo, que si él no estaba, no se cocinaba.

Ni siquiera se lo permitía a su ayudante de cocina que llevaba 3 años con él.

Y si iba saturado de trabajo, ordenaba a los camareros que entretuvieran a los clientes, pero que no les cogieran comandas para que así a él le diera tiempo a sacar el atasco.

Como te puedes imaginar, con ese egocentrismo a la hora de gestionar la empresa, haciendo que todo gire a su alrededor, los resultados no podían ser buenos.

Pero él tenía una venda en los ojos que no le dejaba verlo.

Y lo peor no es que tuviera la venda.

Lo peor es que se la había puesto él mismo.

Porque lo que él pensaba es lo mismo que piensan la inmensa mayoría de los pequeños empresarios.

Especialmente aquellos que ven la empresa como un trabajo y no como un negocio.

Y es que creen que para que algo se haga bien tienen que hacerlo ellos mismos.

Y lo que no pueden hacer, porque se sale de su especialidad, marcan el cómo, el cuándo, y el por qué, aunque no sean expertos en ello.

Esto que vi en este episodio no es nuevo para mí.

Estoy harto de verlo con los clientes que contratan mis mentorías.

Que aunque la mayoría no son tan exagerados como este, sí que parten de la misma base de creencias.

Y después se extrañan de que no tienen tiempo para nada.

Que los empleados se les van a las primeras de cambio.

Y que encima no ganen dinero.

Yo no estoy seguro de hasta qué punto te ves reflejado o reflejada en esto.

Pero si es así, háztelo mirar cuanto antes.

Porque si la velocidad máxima a la que marche tu empresa es la tuya, tienes un problema.

Grábate esto a fuego.

Tú no puedes ser quien frene el avance de tu empresa.

Y créeme que entiendo que te asuste lo desconocido y que te aterre no tener el control de lo que pasa.

Lo entiendo perfectamente porque lo he vivido más de una vez, y sé la sensación de angustia que provoca.

Pero si quieres una empresa que crezca no tienes más remedio que hacerlo.

El truco, que en realidad no es un truco, sino el modo correcto de hacerlo, es que tú te dediques a lo que es tu función de empresario o empresaria, dirigiéndola, marcando la estrategia, midiendo y planificando, y dejes de trabajar en tu empresa como un empleado más.

Porque mientras estás en ese día a día eres incapaz de ver más allá de tu propia nariz.

Sé que no es sencillo, pero para eso existimos los mentores, para ayudar a empresarios a pasar de empleados de su propia empresa a gestores de un negocio.

Así que si tú quieres dar ese paso ya, es aquí

Disfruta del día!

Rafa Valero

P.D. – Aprovecha el fin de semana para darle vueltas a cómo de grande o pequeño es el cuello de botella que eres para tu empresa

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