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El fin de una empresa es ser vendida

Por Rafael Valero

Tengo un cliente desde hace un tiempo que se acaba de llevar un disgusto muy grande.

A ver, no le viene de nuevas, porque ya se lo habían estado dejando entrever.

Pero ahora tiene la confirmación definitiva.

Resulta que su hija no quiere continuar la empresa.

O sea, que quiere hacer su vida y no quiere quedarse con el legado.

En su día ya lo intentó con su hijo mayor, pero este está trabajando en un país de esos en los que se gana mucho dinero, ha creado su familia allí, y volver le haría perder mucho.

Así que le dijo que no la quería.

Lo intentó después con su hijo mediano, pero este se convirtió en abogado y parece que, aunque no gana demasiado dinero todavía, disfruta mucho de su trabajo.

También le dijo que no la quería.

La única esperanza que le quedaba a mi cliente era su hija pequeña, que casualmente estaba estudiando lo que se necesita para gestionar la empresa de mi cliente.

Pero después de acabar los estudios se puso a trabajar en una multinacional y está más contenta que unas castañuelas.

Así que, hace unos días, le confirmó que no tenía ninguna intención de quedarse con la empresa.

¿Y dónde está el verdadero problema?

Pues que mi cliente quería jubilarse ya.

Y ahora ya no lo tiene tan fácil, a no ser que malvenda la empresa, o la cierre y lo pierda todo.

Y es una pena, porque es una empresa que funciona relativamente bien, que gana dinero y que tiene futuro.

Pero ahora no tiene quien la continúe.

Y tú pensarás que si la empresa pinta tan bien, por qué iba a tener que malvenderla o cerrarla y perderlo todo, ¿no?

Pues muy fácil, porque mi cliente nunca se planteó que tuviera que venderla.

Su única intención siempre fue dejársela a sus hijos para que la continuaran.

Y, por lo tanto, no está todavía preparada para que la compre un extraño, solo lo está para que alguien la continúe.

Pero alguien de mucha confianza a la que le pueda contar de tú a tú los entresijos del negocio.

Ahora solo le quedan dos opciones:

O traspasarla, pero quedándose él durante un tiempo para ayudar a quien se la compre.

Algo que a mi cliente no le hace ninguna ilusión.

O vender la cartera de clientes a un competidor.

Aunque con esta opción va a perder mucho dinero, porque los competidores saben que pronto se va a jubilar y solo tienen que esperar.

El aprendizaje que puedes sacar de este caso real como la vida misma, es que tú tienes que crear tu empresa para venderla.

Primero, porque no puedes depender de que te la quieran heredar los hijos.

Y segundo, porque si alguno de ellos la quisiera, tú se la estarías dando preparada para que su gestión fuera más fácil, e incluso para que la pudiera vender él si así lo decidiera.

Sé que te puede sonar raro eso de crear una empresa para venderla, pero es que es el verdadero fin de un negocio.

Y no significa que lo tengas que vender, solo que puedas hacerlo.

¡Que pases un buen día!
Rafael Valero

PD – Si no quieres depender de que tus hijos quieran tu empresa, es aquí.

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