Si hay algo que no soporto, es entrar en una tienda y que el vendedor, por llamarle de alguna manera, tenga esa típica actitud de pasotismo total que todos hemos sufrido más veces de las que nos gustaría.
Sí, esa en la que ni te mira, ni te saluda, ni tampoco se acerca a ver si te puede ayudar.
Su actitud es como si estuviera de paso.
Es que no lo entiendo.
Pero hay algo aún peor… que el jefe esté en la tienda y lo permita.
Ufff, en ese caso, la rabia me consume tanto por dentro, que me pondría a gritarle como un energúmeno explicándole lo mal que lo están haciendo.
No lo hago porque soy educado, y si cerca hay alguna otra tienda similar, prefiero irme igual que he entrado.
Pero tampoco descarto que alguna vez lo haga, que ya me estoy haciendo mayor y cada vez soy menos tolerante.
Alguna vez he mentorizado empresarios que lo hacían y que también se lo permitían a sus empleados, y cuando les preguntaba que por qué actuaban así, lo que me decían era alucinante.
“Para no molestar”
Vamos a ver, ¿cómo que para no molestar?
Si el cliente no quiere ser molestado, no entrará.
Si entra es porque necesita algo, aunque solo sea información para satisfacer su curiosidad.
Y puedes estar seguro de que si hay algo que el cliente quiere menos que ser molestado, es tener que perseguir a un vendedor para que lo atienda.
Así que no lo permitas.
Si no sabes de ventas, aprende.
Si tu personal no sabe vender, enséñales.
Pero no abras una tienda y dejes solo en manos de los clientes lo que compran, cuándo lo compran y cómo lo compran.
Porque ese es el camino más rápido hacia el fracaso.
¡Que pases un buen día!
Rafael Valero
PD – Mañana te explicaré la diferencia entre vender y despachar.