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Delegar es la solución a tus problemas

Por Rafael Valero

Si estás contento con cómo funciona tu empresa, no hace falta que leas este email.

Pero si no lo estás, o crees que podrías mejorarla, entonces sigue leyendo.

Porque hoy voy a demostrarte, a través de una analogía basada en un equipo de fútbol, por qué tu empresa no funciona.

Y lo vas a entender, aunque no sepas nada de ese deporte.

Vamos a ello.

Imagínate que desde muy joven has jugado al fútbol.

Eres delantero (los que suelen marcar los goles), y se te da bastante bien.

También has jugado algún que otro partido en el centro del campo, en la defensa, e incluso de portero y, por lo tanto, entiendes bien la lógica de esos puestos.

Pero donde tú eres bueno es en la delantera.

Tanto, que incluso has llegado a ser el capitán del equipo.

Bien, pasan los años y llega un día en que ya eres mayor para seguir jugando. Pero como te gusta tanto ese deporte, decides que te vas a convertir en entrenador.

Y pasas de darle patadas a un balón, a explicar a los jugadores en el vestuario cómo deben afrontar cada partido, y a darles pequeñas recomendaciones desde el banquillo, cuando juegan los partidos.

¿Te lo imaginas?

Está bastante claro, ¿no?

Pues bien, ahora vamos a ver la misma experiencia, pero desde el punto de vista de una empresa.

Para empezar, y si eres como la mayoría, hasta que encontraras a qué te querías dedicar, habrás pasado por varios puestos de trabajo.

Quizá desde pequeño ya lo tenías claro, pero aun así das tumbos por distintos trabajos hasta que encuentras el tuyo.

Ese trabajo te gusta bastante y como se te da bien, acabas convirtiéndote en experto.

Pero ya sea porque las circunstancias te empujan, o porque eres inconformista y quieres crecer aún más, acabas montando tu propia empresa.

Igual eras un buen camarero y montaste un bar, quizá eras mecánico y montaste un taller, o a lo mejor eras ingeniero y montaste un gabinete de ingeniería.

Da igual.

El tema es que tú piensas que como se te da muy bien tu trabajo, dirigir tu empresa va a estar chupado.

Sin embargo, la realidad de dirigir una empresa poco tiene que ver con lo experto que seas en tu profesión.

Al principio sí, porque generalmente estarás tú solo y todo gira alrededor de la parte técnica del negocio.

Pero a medida que pasa el tiempo y vas creciendo, la parte técnica es solo una parte más de todo lo que conforma la empresa.

Y aunque no tienes suficientes conocimientos, no te queda otra que gestionar también la administración, las ventas, el marketing, las finanzas, al personal…

Así que empiezas a contratar empleados.

El tema es que, aunque has contratado trabajadores, tú sigues pasándote la vida para arriba y para abajo en todos los sitios de tu empresa.

Tus días son largos y llegas a casa tan exhausto que no tienes ganas ni de charlar con tu pareja, ni de jugar con tus hijos.

Y lo más frustrante, por si todo eso no fuera suficiente, es que por mucho que trabajas, no consigues los resultados que tan claros tenías en tu cabeza cuando montaste la empresa.

¿Te identificas aunque sea un poco?

Pues bien, ahora volvamos al equipo de futbol para que entiendas por qué te está pasando.

Primero lo vemos en comparación a cuando tu empresa es pequeña y tienes pocos empleados en plantilla:

¿Te imaginas cómo serían los partidos del capitán del equipo, si además de hacer de delantero e intentar marcar la mayor cantidad de goles posibles, tuviera que estar bajando al centro, a los laterales y a la defensa?

Sería absurdo, ¿no?

Por un lado, por una cuestión física, que acabaría reventado.

Por otro, porque al estar bajando todo el rato hasta el fondo del campo, no tendría ni fuerzas ni tiempo para marcar goles.

Y para colmo, al meterse en todos lados, el resto de jugadores, por muy buenos que fueran, acabarían dejando de esforzarse porque saben que el capitán se encarga de todo.

Al final, el resultado sería que se ganarían muy pocos partidos, por no decir ninguno.

Y llegaría a su casa rendido y lleno de frustración, porque tanto correr y “ayudar” no le sirve para ganar partidos, sino todo lo contrario, para que los pierdan por goleada.

Ahora lo vemos en comparación a cuando tu empresa ya ha crecido un poco más:

¿Te imaginas al entrenador llamando constantemente a cada uno de los jugadores para darles indicaciones de lo que tienen que hacer?

No al capitán, sino a todos y cada uno de los jugadores.

Menudo desastre, ¿no?

Para empezar, sería inviable porque estaría sacándolos de sus puestos y obligando al resto de jugadores a cubrirlo para que no entraran por ahí los rivales.

Además, el entrenador acabaría rendido de estar dando indicaciones constantemente a los 11 jugadores durante los 90 minutos que durara el partido.

Y para más inri, al final los jugadores dejarían de pensar y actuar por su cuenta, esperando a que el entrenador les dijera lo que tienen que hacer, o a que aprobara lo que han hecho.

Definitivamente, igual que en el caso del capitán, este equipo tampoco ganaría partidos.

Y ese entrenador llegaría a su casa muerto, y sin entender por qué, con todo lo que él sabe y que les está trasladando a sus jugadores, las cosas no funcionan.

Y su solución sería, seguramente, pensar que el problema es que los jugadores no se involucran o que no son tan buenos, y acabaría despidiéndolos y fichando otros nuevos.

Mira, yo no sé si en tu empresa estás en la etapa de capitán, o de entrenador.

Pero lo que sí sé es que no puedes dirigir una empresa, con la esperanza de que esta funcione bien y te permita vivir decentemente, si no dejas jugar a tus empleados.

Tienes que delegar.

Puede que no delegues porque no sabes, porque te da miedo, o por una cuestión de ego.

Pero hasta que no lo hagas, no conseguirás que tu empresa avance.

Sí, puede que consigas que vaya creciendo y que cada vez gane más, pero será a costa de tener que dedicar mucho más de tu tiempo, de hacer un esfuerzo casi sobrehumano y, casi seguro, de mermar la moral de tus equipos.

Te diría que te fijaras en las empresas que funcionan para mirar cómo lo hacen, pero es realmente complicado, porque no se suelen dejar ver.

Pero sí puedes mirar partidos de fútbol, o de cualquier otro deporte de equipo, porque cualquiera de ellos son como una pequeña empresa en la que cada uno tiene un rol perfectamente definido.

Y no me vengas con que tu empresa es demasiado pequeña para hacer las cosas así, o que tu negocio es diferente y no se puede comparar.

Porque eso son solo excusas.

Sé que no es fácil hacerlo, porque lo he vivido, pero es la única solución.

Así que cambia tu visión y ponte a ello.

Y si te resulta demasiado complicado, o no sabes muy bien por dónde empezar, siempre te quedará la opción de invertir en ayuda como la que yo te puedo dar.

Porque mi trabajo es enseñarte y ayudarte a que tu empresa funcione como si fuera un equipo de fútbol, y que aunque llegues cansado a casa después del trabajo duro, al menos no sientas la frustración y el estrés por no entender qué está pasando.

¡Que pases un buen día!

Rafael Valero

PD – Arriba tienes la solución.

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