Uno lee “modelos mentales”, y si no está familiarizado con estas cosas, se pone en modo pasota, porque algo tan fashion solo puede ser para grandes líderes.
Pero qué va, nada más lejos de la realidad.
Suena complejo, y hasta algo científico, pero no lo es.
De hecho, es más simple que el mecanismo de un botijo.
Y aunque no lo llames así, tú ya los tienes.
Porque no son más que las posturas que tomas frente a la toma de decisiones.
Como, por ejemplo, la famosa regla del 80/20, que dice que el 20% de tu esfuerzo te va a dar el 80% de los resultados.
O sea, que asumes una postura de enfocarte en lo que realmente importa.
Y si actúas bajo ese modelo mental, tus decisiones son distintas a si no lo haces.
Si te sientes más cómodo, en lugar de llamarlos modelos mentales, llámalos “trucos” para decidir mejor.
Da igual, aquí la cuestión es que lo entiendas.
Ahora bien, los modelos mentales que te ayudan cuando trabajas solo, no siempre pueden ser los mismos que los que usas cuando tienes empleados.
Así que te voy a dar unos cuantos de los que más y mejor te pueden ayudar con el arduo trabajo de dirigir tu imperio, para que las cosas te salgan más fácil y con menos esfuerzo y riesgo.
Vamos allá:
A más simplicidad, mejor: Siempre va a ser mejor ejecutar a la perfección una idea simple, que hacer una chapuza con la idea más brillante del mundo. Así que, al menos en los principios, no te compliques la vida con enrevesados procesos, grandes estructuras, y cosas por el estilo, que ya tendrás tiempo. La idea es ser efectivos sin complicaciones.
Sé un martillo pilón: Por muy claras que tengas las cosas, tus empleados no suelen verlo con la misma nitidez y, por lo tanto, no te puedes limitar a decir las cosas una vez y esperar los mejores resultados, así que repite tantas veces como sea necesario los mensajes clave para que los asimilen como si fueran suyos.
Menos es más: Todo lo que hacéis tú y tu gente consume tiempo y recursos, y desde ese punto de vista, sacarás mayor rentabilidad si te concentras en unas pocas cosas que realmente generen impacto, y no te disperses.
No desaparezcas: Todos los empresarios tenemos la romántica idea de que nuestras empresas trabajen 100% de manera autónoma, pero eso es algo que no se logra solo con pensarlo. Al menos hasta bien avanzada la empresa. Por lo tanto, delega todo lo que puedas, pero no te desvincules del todo, porque tú eres la brújula que debe orientar a los empleados, y que estés presente, formules preguntas y los desafíes es fundamental para asegurar el rumbo.
Ideas sí, pero no todas: En tu camino vas a tener ideas para cansar, y a estas, añádele las que te van a dar tus empleados, familiares y el resto del mundo. Sin embargo, no te puedes emocionar con todo lo que se te pone delante, porque tampoco podrías con todo. Así que no divagues y coge solo aquellas que estén alineadas con resolver problemas reales, o con aprovechar oportunidades muy concretas.
Agilidad máxima: A medida que vayas creciendo te irás convirtiendo en un monstruo lento, pero tu objetivo debería ser mantener la agilidad a toda costa, y para ello es más efectivo crear unidades de trabajo pequeñas, autónomas y fáciles de controlar, que grandes departamentos que en muchas ocasiones ni entre ellos mismos se entienden.
Abraza el cambio: En tu empresa deberías abrazar el cambio constante y cultivar una mentalidad que valore la experimentación y la adaptabilidad, porque el cambio no es doloroso, sino una oportunidad para evolucionar.
Todo debe aportar rentabilidad: Tu empresa existe para generar rentabilidad y, por lo tanto, cualquier cosa que hagáis debe reportar algún tipo de beneficio, aunque no sea económico de manera directa, como en el caso de una entrevista, que te puede dar visibilidad, ideas de contenido, y conexiones.
Listo.
Ya sé que el día a día te consume y casi nunca tienes tiempo de pararte a pensar cómo actuar.
Pero créeme que tener claras estas posturas te ayudará a hacerlo todo más fácil y que los resultados mejoren a la vez que tu vida también lo hace.
¡Que pases un buen día!
Rafael Valero
PD – Guárdate esto y reléelo de vez en cuando.