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Cuidado con el amor entre empleados

Por Rafael Valero

Aprovechando que el otro día fue el día de los enamorados, voy a tratar un tema que, a muchos empresarios les preocupa, y a los que no, debería preocuparles.

Me refiero al amor entre empleados.

O sea, eso de que a una administrativa se le meta entre ceja y ceja un técnico, que un comercial se te enamore de la del almacén, o que el jefe de turno se encoñe de su asistente.

¿Tú cómo lo ves? ¿Te parece bien?, ¿Te parece mal?, ¿Te es indiferente?

Porque yo tiemblo cada vez que tengo la sospecha de que pueda ocurrir.

Antes no.

Cuando no sabía las consecuencias que implicaban, no solo no me importaba, sino que incluso los apoyaba.

Pero a día de hoy, con lo que sé, ya te digo yo que huyo de eso como de la peste.

A ver, está claro que no puedes frenar al corazón.

Y, por supuesto, no puedes prohibirle a tus empleados que mantengan relaciones entre ellos.

Pero teniendo en cuenta cuánto le puede afectar a tu negocio, más te vale estar atento y marcar alguna que otra norma.

Porque caray, se puede llegar a liar bien gorda.

Para no ir más lejos…:

Cuando tienen vacaciones, quieren cogerlas a la vez. Algo muy normal, pero que si son empleados clave, no te lo puedes permitir, y ya tienes problemas.

Si discuten por cualquier cosa, ya te puedes esperar que el mal rollo en la oficina se podrá cortar con un cuchillo, porque no todos saben diferenciar el trabajo de la vida personal.

Si empiezan la relación cuando ya trabajan para ti, y como todos los enamorados al principio, están especialmente “tontos”. Ya sabes, miraditas, sonrisitas, roces disimulados, pérdidas de tiempo…

Las paradas para el café o para comer se alargan más de lo normal, o de repente desaparecen los dos a la vez.

Si rompen, ya te puedes imaginar el caos. Lloros, bajada del rendimiento de ambos…

Y si alguno de los dos es celoso… madre mía, entonces sí que tienes un buen problema.

De hecho, te voy a contar algo que me pasó a mí con esto de los celos.

Verás, yo tenía 2 empleados bastante buenos en sus puestos de trabajo. Ella era administrativa, y él, vendedor.

Y estaba muy contento con sus desempeños, hasta que se me enamoraron.

Al principio todo iba bien.

Pero un buen día me contacta un cliente quejándose del vendedor.

Cuando investigo un poco a ver qué había pasado, descubro que es que la administrativa estaba rabiosa porque su novio (mi vendedor) hablaba “demasiado” con otra compañera, y su manera de castigarlo era no pasándole los pedidos de los clientes.

¿Te imaginas?

Yo ya había tenido parejas entre mi personal, y aunque me habían dado algún que otro disgusto, ninguno había sido como este.

Así que los reuní juntos, y también por separado, a ver si se podía solucionar de alguna manera, pero poca solución había.

A ella le comían los celos, porque decía que la otra era una buscona, y él mantenía que tenía derecho a hablar con quien quisiera.

Al final, y para no enrollarme demasiado con la infinidad de detalles del asunto, tuve que prescindir de uno de ellos. En concreto, el que se marchó fue el vendedor.

Y eso fue lo que, con respecto a este tema, marcó un antes y un después en mi forma de verlo, y me puse como norma no aceptar parejas en mis filas.

Nada de contratar a la pareja de quien ya trabajase para mí, por muy bueno que fuera, y por mucha falta que me hiciera.

Si empezaban la relación ya siendo empleados, los reunía a ambos y les exponía que al más mínimo detalle que perjudicase la empresa, uno de los dos tendría que marcharse.

Y si me lo podía permitir, los cambiaba de puestos para que no tuvieran contacto en horario de trabajo.

Mira, sé que esto es como querer ponerle puertas al amor, pero créeme que muchas veces es necesario.

Porque si la cosa sale mal, no solo afecta al negocio. También te afecta a ti como persona, pues te pone en una situación muy incómoda en la que, sin comerlo ni beberlo, tienes que mediar.

Y bastante tenemos ya en nuestra vida personal, como para tener que “meternos” en las de los demás.

Así que, si de algo te sirve mi experiencia, ten cuidado con esto.

No pongas normas si no quieres.

No hables con ellos si te parece que te metes en sus vidas.

Pero por la cuenta que te trae, estate atento.

¡Que pases un buen día!
Rafael Valero

PD – Cuando no sabemos cómo enfrentar un problema en nuestra empresa, muchas veces basta con hablar una hora con quien ya haya pasado por ahí. Y yo he pasado por casi todas las circunstancias posibles.

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