Hay un método de entrar a clientes a puerta fría digital, que si se ejecuta bien te puede dar muy buenos resultados, pero que si lo haces tan mal como la mayoría lo está haciendo, no solo no te dará los resultados que buscas, sino que conseguirás todo lo contrario.
Me refiero a ese en el que un supuesto profesional de algo, que tú no conoces absolutamente de nada, te envía un email bastante escueto para decirte que puede mejorar lo que tú tienes.
Bueno, por email lo hacían antes, porque ahora lo hacen sobre todo a través de LinkedIn.
Y a mí particularmente me pone de los nervios.
No porque me escriba un desconocido ofreciéndome su ayuda.
Qué va.
Es porque es que son desastrosos.
Se ve que algún iluminado creó en su día un curso en el que enseñaba esta táctica y, o bien se le olvidó explicar un detalle fundamental, o bien los alumnos se lo saltan a la torera.
Sea como sea, te muestro de lo que estoy hablando, porque así lo entenderás mejor:
Este es el típico mensaje que me envían por LinkedIn:
“Hola Rafael, he estado revisando tu web y he notado algunos aspectos que me llamaron la atención y que creo que podrías mejorar. Si me lo permites puedo compartírtelos muy rápidamente”.
Así, de primeras, uno podría decirle… “Ah, muy bien, venga cuéntame qué podría mejorar”
Porque todo consejo, si viene de un profesional, ha de ser bienvenido.
Peeeeeero…
Para empezar, yo no sé si es un profesional, porque es que ni siquiera se ha presentado.
Y si quiero saber algo de él, tengo que perder mi tiempo investigándolo.
Y qué quieres que te diga, yo no tengo tiempo para eso.
Por otro lado, está dando por sentado que yo quiero mejorar mi web. No ha pensado que quizá yo la quiero así, tal cual está.
Porque sí, me propone mejoras. Pero mejoras con respecto a qué. En comparación con qué.
Si es un error técnico, ¿para qué se anda con rodeos, si directamente podría decirme el fallo y seguramente tendría más posibilidades de que lo contratara?
Lo que pasa es que generalmente no son temas técnicos los que proponen mejorar, sino aquellos más relacionados con la estética, el copywriting, o incluso la estrategia.
Pero claro, ¿cómo podría ayudarme con esas cosas, si no sabe lo que busco?
¿Cómo va a mejorarme nada si no me conoce?
Y a todo esto súmale que yo podría sentirme ofendido.
Porque si la web me la hice yo mismo, está dando a entender que no tengo ni idea.
Si la hizo mi hijo, está dando a entender que es un manta. Y yo no sé tú, pero a mi hijo solo yo le puedo decir según qué cosas.
Y si pagué para que me la hicieran, lo que está dando a entender es que soy un empresario inútil que no sabe elegir proveedores.
¿Entiendes por dónde voy?
Pues venga, quédate con el aprendizaje.
Si ya estás utilizando esta táctica, revisa si lo haces como un profesional, o como estos que me escriben a mí.
Y si no la estás utilizando, plantéatelo, porque es un método bastante eficaz si lo haces bien.
¡Que pases un buen día!
Rafael Valero
PD – Si no sabes si en tu negocio podría funcionar, o sí lo sabes, pero no se te ocurre cómo hacerlo, pues ya sabes…