En una ocasión, el dueño de una empresa constructora le pidió a su empleado más veterano lo siguiente:
“Quiero que me construyas esta casa, y quiero que lo hagas siguiendo exactamente lo que se indica en los planos. Toma el tiempo y los recursos que necesites, porque no quiero que le falte de nada”.
El empleado aceptó la petición, pero se quedó bastante molesto con su jefe porque solo le faltaban 3 meses para jubilarse, y el encargo iba a llevarle como mínimo 6 meses.
Así que se dijo así mismo:
“¡Menudo jefe! ¿Es que no se da cuenta de que me quedan solo 3 meses para retirarme?”
Pues muy bien, lo haré, pero no pienso trabajar ni un día más de lo que me queda en la empresa.
Y, además, pienso poner materiales de segunda, y me quedaré el dinero que sobre.
Empezó a construir la casa, pero las prisas por acabar antes de 3 meses, y la rabia por la poca vista de su jefe, hizo que se esmerara bien poco en el trabajo.
Lo único en lo que sí puso empeño fue en la fachada para engañarle y que creyera que toda la construcción estaba igual.
Una vez terminado el trabajo y cuando el jefe fue a ver la casa, este se fijó en que había muchos detalles descuidados y materiales de baja calidad que no seguían las indicaciones que marcaban los planos.
Pero aun así, se acercó al empleado y le dijo:
“Toma las llaves de tu nueva casa. Este es tu regalo por todos los años que has trabajado para mí. ¡Feliz jubilación!”
¿Te puedes imaginar la cara que se le quedó el veterano empleado?
Moraleja 1: Cosecharás lo que siembres.
Moraleja 2: Da igual lo bueno que tú pienses que eres con tus empleados, porque al final ellos tienen su propia versión.
¡Que pases un buen día!
Rafael Valero