En el contexto de la productividad hay una expresión que espero que no tengas que decir nunca.
Esta expresión es: “me he caído del tren”.
Y se utiliza para describir la sensación de haber perdido el ritmo o la continuidad en la realización de tareas o proyectos.
O sea, que te has desconectado o perdido el hilo de lo que estuvieras haciendo.
Y es verdaderamente angustioso.
Especialmente si eres de esos cuya vida depende de la agenda y de estar organizado.
Ya sabes, la realidad de cualquier empresario.
Este problema, porque realmente es un problema, puede deberse a distracciones o cambios inesperados en tu vida.
O quizá, a una pérdida momentánea de enfoque.
Que lo que hacen es interrumpir de alguna manera el flujo de trabajo que estuvieras llevando.
Y mira, si te pasa por algo que se escapa a tu control, pues aún tienes una excusa.
Pero si te pasa sabiendo que lo podrías evitar, pues qué quieres que te diga.
A mí me ha pasado un par de veces.
Y ambas por culpa mía.
¿La razón?: haberme ido de vacaciones.
De esto hace ya unos cuantos años.
Cuando yo aún no tenía una mentalidad de empresario bien desarrollada y creía que también podía irme de vacaciones como un empleado cualquiera.
Es decir, cerrando todo y largándome sin acordarme de lo que dejaba atrás.
Y claro, al hacer eso, y cambiar mi rutina de manera radical, perdí el foco.
No te imaginas la sensación de perdido que estaba cuando volvía.
No es que se me hubiera olvidado cómo manejar la agenda, o que no tuviera bien localizados los proyectos que tenía en marcha.
Pero algo era diferente.
No encontraba el ritmo.
La primera vez tardé un par de semanas en recuperarlo.
Pero la segunda tardé casi 2 meses.
Y 2 meses de ir dando tumbos, ya te digo yo que es demasiado tiempo para cualquier empresa.
En fin, yo no sé si te ha pasado alguna vez.
Pero por si acaso te está pasando ahora mismo, o para evitar que te pase en un futuro, te voy a decir cómo evitarlo cuando tienes tú el control, o cómo recuperarte cuando te pasa por motivos que se te escapan.
En cuanto a cómo evitarlo, es tan fácil como planificar tanto tu “escapada”, como tu vuelta.
Es decir, que si te vas a ir unos días de retiro con la familia, no te limites a cerrar todos tus temas justo hasta el día antes de marcharte.
Porque tú eres dueño de una empresa, y nunca se pueden cerrar todos los temas.
En cambio, planifica la ausencia con todo lo que tiene que ver con la salida en sí (rutas, aviones, hoteles, etc.).
Porque de esta manera, no pierdes ni la costumbre del manejo de la agenda, ni la rutina de la planificación.
Y, también, planifica la vuelta.
Es decir, que dejes preparado en qué vas a trabajar, paso por paso, cuando regreses.
Y en cuanto a cómo recuperarte, si ha sido por un motivo externo a tu control, tu mejor opción es parar el mundo y reflexionar sobre la situación.
En primer lugar, revisa tu misión para recordarte por qué luchas.
A continuación, revisa tu visión, para asegurarte de que aún quieres ir en esa dirección, y así poder reenfocar las prioridades.
Y, por último, da orden a tu entorno laboral, y también a tus proyectos y listas de tareas para definir las prioridades, por si hubieran cambiado.
Y poco más.
Es verdad que a tu caída del tren pueden rodearla infinidad de circunstancias distintas que hagan que estas recomendaciones que te doy haya que “modificarlas” ligeramente, pero a grandes rasgos podrás gestionarlas con estas bases.
¡Que pases un buen día!
Rafael Valero
PD – En breve te contaré sobre la formación de planificación y organización especializada en empresarios que estoy preparando.