¿Quieres perder buenos empleados?
Pues implanta en tu empresa las tonterías burocráticas que tienen las grandes empresas, y ya verás con qué facilidad se te piran.
Mira, yo soy de los que más te voy a decir siempre que para ser grande tienes que hacer las cosas que hacen los grandes.
Pero caray, que todo tiene su momento, ¿no?
Verás, el otro día me llama un cliente de mentoría con el que trabajé hace un tiempo, para contarme que su comercial estrella se había marchado.
Así de primeras me extrañó bastante, porque ese vendedor estaba al 100% con la empresa.
Y, a la vez, me sentí mal por mi cliente, porque vendía mucho.
No voy a decir que la facturación de mi cliente dependiera solo de este vendedor, pero casi.
La cuestión es que le pregunto que si es que la competencia le había hecho una oferta al vendedor que él no podía igualar, y me dice que no, que ese no había sido el motivo.
La razón por la que se había marchado es porque era un cabezón.
A ver, a ver, a ver, explícamelo…
Vas a alucinar.
O no, no lo sé.
La cosa es que el comercial se marchó por unos míseros 73 euros.
Pero no porque hubiera habido un error en la nómina, o porque a mi cliente se le hubiera pasado meterle esos pocos euros en las comisiones.
No, no, qué va.
El tema tenía que ver con un ticket de gasolina y el sistema de pago de gastos al personal que tenía implantado mi cliente.
Resulta que el comercial fue a otra ciudad a visitar a unos clientes y tuvo que echar gasolina a su coche.
Pero al pasar el ticket para que le abonaran el dinero que había gastado, la empresa de mi cliente no se lo quería dar porque era un ticket y no una factura.
Ya ves, mi cliente, en su ánimo por ser “grande”, había implantado un sistema para pagar los gastos del personal, a que estos presentaran facturas y no tickets.
Y mira, no tengo nada que decir al respecto, porque cada uno sabe cómo gestiona sus papeles.
Pero leñes, que hay que tener un pelín de cintura.
El comercial dio como explicación que en la gasolinera en la que paró se había roto la impresora y que solo le podían dar tickets.
Pero aun así mi cliente se negaba a darle el dinero si no conseguía una factura.
Al final, para no enrollarme demasiado, el comercial pidió el finiquito y abandonó la empresa.
¿Tú crees que se marchó porque no le pagaban 73 euros?
Ya te digo yo que no, porque justamente ese vendedor ganaba bastante dinero, y me extrañaría que su vida dependiera de tan poco.
Se marchó por una cuestión de falta de confianza.
La que demostraba el empresario con él.
Es decir, este vendedor llevaba años en la empresa, siempre cumpliendo con los objetivos, sin dar problemas y haciéndolo todo bien.
Sin embargo, el empresario no fue capaz de ver todo eso y se agarraba a que el sistema era el que era.
Ahora mi cliente tiene un problema mucho más gordo que pagar 73 euros sin un documento oficial.
Ahora va a tener que buscar otro vendedor y formarlo, con el coste tan alto que eso tiene.
Además, no le va a resultar fácil encontrar uno que sea tan bueno como el que se le ha marchado.
Y por si fuera poco, si el comercial que se ha ido lo contratase un competidor, ya puede estar seguro de que va a perder clientes.
Y todo por unos p*tos 73 euros, y la cabezonería de querer hacer las cosas como las empresas grandes.
Mira, tú haz lo que quieras en tu empresa.
Eres libre de imponer los sistemas que más te apetezcan.
Pero si hay una cosa que los empleados valoran de verdad, eso es la confianza que tengas en ellos.
Incluso aunque seas un jefe tirano y sin escrúpulos, si notan que confías en ellos, tendrás empleados fieles.
Así que tú verás.
Puedes ir por la vida desconfiando de todos, o puedes hacer el esfuerzo de fiarte.
De una manera tu empresa crecerá y tú vivirás más tranquilo.
Y de la otra, dirigir tu empresa acabará siendo un calvario.
¡Que pases un buen día!
Rafael Valero
PD – Confiar no significa dejar que tu empresa sea una anarquía.
PD2 – Cosas como esta son las que se tratan en mis mentorías.