¿Hay algo más absurdo que el que un empleado desee que al dueño de la empresa para la que trabaja le vaya mal?
¿Pero se puede ser más tonto?
La verdad es que no entiendo cómo piensan algunos.
Y de estos hay muchos.
Pero muchos, muchos.
Yo he tenido en mis filas más de uno de esos.
Y he escuchado conversaciones entre algunos de los que trabajan para mis clientes, que dejan muy clara también esa postura.
No sé si el culpable es el gobierno que da tantas “facilidades” a los empleados para vivir sin trabajar.
O si la culpable es la sociedad que demoniza a los empresarios y trata como pobres angelitos a los empleados.
Pero es vergonzoso.
¿Y qué puedes hacer si tienes uno de estos en tu plantilla?
Despedirlo ya.
Hoy mismo.
Porque aunque solo lo piense por un calentamiento, lo va a llevar siempre dentro.
Y mira, yo no sé qué esperas tú de tu negocio, pero si lo que quieres es que se mantenga y dé de comer a tu familia por mucho tiempo, tener un cáncer como este dentro desde luego que no te interesa.
Despedir duele.
Y más cuando el empleado hace bien sus tareas.
Pero tú mismo.
Yo te he avisado.
En fin, no le voy a dar muchas más vueltas, porque es que me enervo.
Pero te dejo un fragmento de uno de los libros de Orwell, que ya en los años 50 hacía referencia de alguna manera a esto.
Toda sociedad está dividida en tres grupos con objetivos incompatibles:
El objetivo de los de arriba es mantenerse donde están.
El objetivo de los del medio es hacer bajar a los de arriba para subir ellos.
El objetivo de los de abajo es abolir todas las distinciones y crear una sociedad en la que todos los hombres sean iguales.
Una lucha que se repite una y otra vez a lo largo de la historia.
Al final, y aunque no nos guste, está claro de que como empresarios lo tenemos casi todo en contra.
El estado solo quiere mantenernos necesitados.
Nuestras familias nos hacen sentir mal porque no paramos de tener picos y valles en el negocio.
Y nuestros iguales, los otros empresarios, lo único que quieren es que estemos por debajo de ellos.
Y esto requiere de una fuerza mental que bien podrían premiar los mandamases del mundo.
Adáptate y no te quejes.
Porque si tienes claros tus objetivos y tus prioridades, llegará un momento en que todo esto no será más que un recuerdo del camino.
¡Que pases un buen día!
Rafael Valero
PD – Cuando me caliento, me caliento. Qué le voy a hacer.
PD2 – Si quieres pasar el camino más rápido, es aquí.