A mí no me gusta ir de tiendas.
Me da pereza.
Pero de tanto en tanto, mi chica “me convence”.
Pues bien, hace unos días, me convenció.
Y mientras caminábamos por una de esas calles llenas de tiendas, pasamos por delante de una que nos llamó especialmente la atención.
Era una boutique de ropa de mujer bastante moderna, con un escaparate muy llamativo.
Ya sabes, uno de esos bien diseñados para que la gente se pare.
Y nosotros nos paramos.
En ese momento no reparé en que la tienda estaba vacía, cuando en todas las demás por las que ya habíamos pasado había gente.
Pero claro, es que lo que yo quería era terminar cuanto antes para volver a mi dulce hogar, y no estaba atento a los detalles.
En fin, la cuestión es que en un alarde de caballerosidad, o de buscar acabar rápido, abrí la puerta de cristal y le dije a mi pareja: “Adelante”.
Y entonces entendí por qué no había clientes dentro.
La tienda olía a fregona sucia.
Y olía mucho.
Fue realmente asqueroso notar cómo ese olor nos golpeaba tan fuerte.
La tienda se veía muy limpia.
La ropa se veía bonita y muy bien ordenada por colores.
El personal, perfectamente uniformado, parecía sacado de una revista de moda, y además eran muy simpáticos.
Y encima, había descuentos bastante interesantes.
Pero ninguna de esas cosas nos importaba ya como clientes.
Porque lo único en lo que podíamos pensar era en lo mal que olía.
Así que, igual que entramos, nos salimos.
Y, a partir de ahí, hasta la tienda más cutre nos pareció maravillosa.
Mira, hay muchas formas de repeler a clientes.
No es necesario que utilices agua sucia para que el mal olor frene la entrada.
Todos los detalles cuentan.
También puedes tener poca iluminación, un escaparate poco cuidado, los productos desordenados, personal estúpido, etc.
Y si hablamos de tu línea digital, puedes tener una web anticuada o mal diseñada, textos que no dicen nada, malos testimonios, y unas cuantas cosas más.
Pero en mi humilde opinión, una de las peores cosas que puedes hacer como empresario para arruinar tu negocio, es no mirar aquí.
Porque quizá no te salve si vendes un producto o un servicio de muy mala calidad, pero sí te servirá para mejorarlo y para que su comercialización sea más rentable.
¡Que pases un buen día!
Rafael Valero
PD – Espero no haberte revuelto el estómago.