Anoche, justo cuando me disponía a irme a la cama, va y aparece en la televisión Bruce Willis con una película de polis.
A mí el tipo este me gusta bastante y no sé por qué, pero cada vez que haciendo zapping me lo encuentro, me quedo enganchado.
Bueno, la cuestión es que, aunque ya era tarde, y mi compromiso conmigo mismo es el de acostarme temprano para dormir el mínimo de horas recomendadas, pues no fui capaz.
El Bruce fue más potente que mis ansias de levantarme fresco al día siguiente.
Y me tragué la película enterita, con anuncios incluidos.
Bien, cuando ya me voy a acostar, decido cambiar la hora del despertador para levantarme media hora más tarde de lo habitual.
Pero mientras lo estoy haciendo, pienso para mí…
“Donde vas flipao, si durmiendo solo 6 horas no vas a tener bastante”
Pero aun así, lo hago, porque pienso que sabré soportarlo, y me aplico aquello que tantas veces me dijo mi madre cuando yo era joven: “Si eres hombre para irte de fiesta y acostarte a las tantas, tienes que ser hombre para levantarte a tu hora”.
Ufff, como odiaba aquella frasecita.
¿Quieres que te diga cómo me encuentro hoy?
¿Hace falta?
Pues eso.
No solo no construí músculo anoche, sino que, encima, hoy estoy para el arrastre.
Voy como un zombi por la vida.
Y todo por culpa de Bruce.
¿O no es culpa suya?
A ver si el problema voy a ser yo por no haber sabido decir que no a la película y haberme acostado a mi hora, ¿verdad?
Pues claro que sí.
Lo sé ahora, y lo supe durante todo el tiempo que duró la dichosa película.
Pero es que no supe priorizar lo que tenía que priorizar.
Fui débil y no supe apagar la televisión.
Por lo tanto, ahora tengo que vivir con esta incómoda sensación todo el día y aguantar hasta que esta noche me vuelva a acostar a mi hora confiando en que mañana me habré recuperado.
¿Cómo de tontería te parece esto que te he contado?
Supongo que mucho, y que estarás pensando que para qué te lo cuento, ¿no?
Pero te lo cuento, porque esconde algo importante tanto para tu vida, como para tu negocio.
Y si tuviera que resumirlo en pocas palabras, sería: responsabilidad y objetivos.
Mira, nadie va a hacer por ti las cosas que solo puedes hacer tú.
Nadie.
Nunca.
No hablo de cosas que podría hacer otro, pero que has decidido hacer tú.
Me refiero a esas que si no las haces tú nadie las va a poder hacer.
Cosas como, por ejemplo, definir estrategias, planificar, delegar…
Tú puedes seguir haciendo lo que podrían hacer otros, mientras aplazas lo que solo puedes hacer tú.
Pero, al final, lo que tendrás es un resacón de tres pares de narices y, encima, la seguridad de que estás así solo por tu propia culpa.
Y si hay algo jodido en la vida de un empresario, o de cualquier persona, es estar seguro de que, de lo que te ha pasado, no puedes culpar a nadie.
Así que, como tú veas.
Yo por mi parte intentaré no volver a quedarme enganchado viendo películas fuera de horas.
¡Que pases un buen día!
Rafael Valero
PD – Acuéstate a tu hora.