Nos gusta gustar.
A ti. A mí. A todos.
De ahí que las redes sociales estén sembradas de contenido dirigido prácticamente siempre a recibir un “me gusta” o un comentario elogioso.
Y está bien.
Somos seres sociales y nos nutrimos en buena medida de la aceptación y el aprecio de los otros.
Sin embargo, cuando eres empresario, esa búsqueda de aceptación no puedes extenderla a todos los que se crucen en tu camino.
Entre otras cosas, porque al igual que cualquier otra persona de a pie, nosotros también tenemos corazoncito, y una crítica o una mala opinión pueden hacer mella en nuestra autoestima y “obligarnos” a sacrificar nuestra forma de pensar o de actuar solo para agradar a los demás.
Ya sabes, eso de, por ejemplo, bajar precios o hacer descuentos para que los clientes estén contentos, aceptar encargos que no nos interesan, o dirigir de forma “blanda” para que los empleados estén felices.
Así que, asúmelo.
Da igual cómo te pongas.
Pero querer ganarte la aprobación de todos es un objetivo completamente irrealizable que solo te llevará a la frustración y al malestar.
Y si estás mal, tomarás malas decisiones.
Si tomas malas decisiones, las cosas se torcerán.
Si las cosas se tuercen, empeorarás.
Si empeoras, tomarás peores decisiones.
Y así podría seguir hasta el infinito.
Y todo, por buscar la aprobación incluso entre los que seguramente no merecen tu atención.
Por lo tanto, deja de esforzarte y sacrificarte por gustar a todos, y céntrate solo en aquellos que comulguen contigo.
Porque estos son los que te impulsarán hacia arriba.
Y si inviertes demasiada energía en los demás, solo conseguirás poner en juego tu identidad y cuestionarte de manera constante.
Aunque, ojo, que esto no significa que no escuches las críticas y los malos comentarios, porque quizá tengan buena intención y te ayuden a mejorar.
¡Que pases un buen día!
Rafael Valero
PD – Tus logros siempre le van a molestar a alguien.