Hay un dicho por ahí, que dice que si estás en una sala en la que tú eres el más listo, en realidad eres el más tonto.
Y se basa en la premisa de que estar con gente que sabe menos que tú, aunque te engorda el ego, en realidad te hace perder el tiempo.
Porque lo productivo sería estar en una sala en la que todos saben más que tú.
Y si bien es cierto que este dicho me encanta, y que siempre que puedo intento seguirlo, la verdad es que, a veces, ser el tonto de la sala no está tan mal.
Especialmente si te quitas el sombrero del “eso ya me lo sé yo”, y te pones el de “a ver qué aprendo aquí”.
Yo hoy he asistido a una reunión con varios empresarios, en la que, a los 5 minutos, ya me sentía el tonto de la sala y pensaba que iba a perder mi valioso tiempo.
Sin embargo, como de todas maneras tenía que quedarme, he optado por ver qué podía sacar de sus participaciones.
¿Y sabes qué?
Pues que al final ha merecido la pena y he salido con un par de perlas que seguro que me sirven para mis proyectos.
Mira, tú puedes adoptar la actitud de ser el más listo.
Como tú veas.
Pero así no aprenderás nada.
Creer que lo sabes todo, no te ayuda a avanzar, solo te permite quedarte quieto donde estás viendo cómo los que no van de listos te adelantan.
A mí me han dicho más de una vez, generalmente empresarios con poco éxito, cosas como: “qué me vas a enseñar tú de mi negocio, si ya llevo X años”.
Y aunque podría responderles: “ya, así te va”, prefiero callar y dejarles ser felices.
Hazme caso, mira siempre con ojos de que no sabes.
Porque nunca sabes dónde puede aparecer aquello que te hace falta.
Puede ser en una película, en una serie, en un parque, o en una reunión de niñatos de barrio.
Donde menos te lo esperes.
Y si estás pensando que eso ya te lo sabes, te lo perderás.
¡Que pases un buen día!
Rafael Valero