Imagínate que tienes un par de empleados que el trabajo que sacan te hace sentir satisfecho.
Podrían hacerlo mejor, pero te basta.
Imagínate que además de hacer bien sus tareas, se llevan contigo genial.
A veces se pasan un pelín con la confianza, pero lo soportas porque hacen muy bien lo suyo.
¿Bien?
Vale, ahora imagínate que esos 2 empleados se llevan mal entre sí.
Se llevan tan mal que ya empieza a afectar al resto de la empresa y la situación va hacia lo insostenible.
Menudo marrón, ¿no?
¿Y qué haces?
Porque algo tienes que hacer, ¿verdad?
¿Quizá evitar juntarlos hasta en las reuniones?
¿Quizá ingeniárselas para que el trabajo de uno no dependa de el del otro?
¿Quizá, incluso, contratar un nuevo empleado que haga de una especie de intermediario?
No sabes.
Lo único que tienes claro es que algo has de hacer.
Y al final llegas al punto ese al que llegamos todos alguna vez… despedir.
Pero claro, despedir no es tan simple, porque…
¿Qué haces, despides a uno, o a los dos?
¿Y a quién pones en sus puestos, con lo que cuesta encontrar empleados eficaces?
¿Y a los sustitutos, qué haces, los contratas antes de despedir a los que ya tienes, o después de haberlos despedido?
Y si es antes, quién los formará, ¿los que vas a despedir?
Y si los contratas después de despedirlos, quién los formará, ¿tú?
¿Y cómo se lo va a tomar el resto de la empresa?
¿Y si alguno tiene demasiada información sensible de la empresa, cómo lo gestionas?
¿Y despedirlos te puede traer problemas personales?
Y…
La cuestión es que con lo bien que podrían ir las cosas, tú estás bien jodido.
Porque no solo te están fastidiando la empresa, sino que también tu trabajo se está viendo perjudicado porque en tu cabeza solo está este problema.
¿Solución?
Pues preguntar a otros.
Primero le preguntarás, si lo tienes, a tu empleado de confianza.
Pero lo más normal es que te dé una respuesta del estilo “no lo sé”.
Después le preguntarás al gestor, que como se pasa la vida gestionando contratación y despidos de empleados de otras empresas, seguro que sabe cómo actuar.
Pero no.
Como mucho te ilumina en los costes del despido, y en cómo puedes proceder, pero poco más.
Tu siguiente opción es contárselo a tu pareja.
Pero ay amigo, ya sabes que te va a ayudar bien poco.
Quizá te sirva para desahogarte, pero lo más seguro es que ni para eso.
Sí que pondrá toda su intención en ayudarte, aunque solo sea por su propio interés, pero no terminará de entenderte, y tú quedarás seguramente peor que antes de decírselo.
Ahora ya solo te queda por preguntar a tus amigos.
Esos que siempre están dispuestos a escuchar tus trasiegos de futuro millonario.
Sin embargo, sus respuestas no te van a valer para nada más que para encenderte.
Porque van a ser del estilo: “ponlos de patitas en la calle”, o “tú eres el empresario y no puedes permitir que te toreen los empleados”, o estupideces de todo tipo, dichas, generalmente, por quien nunca ha sido empresario.
En fin, yo de ti dejaría de perder el tiempo, y le preguntaría a quien sé que ya ha pasado por ahí.
¡Que pases un buen día!
Rafael Valero
PD – Yo no lo sé todo, pero sí mucho más que la mayoría.