Hace unos días te contaba que con uno de mis clientes de mentoría habíamos decidido hacer una subida de tarifas bastante agresiva.
No porque se hubiera mejorado el servicio a prestar.
Si no porque sus tarifas eran tan bajas, que con la mayoría de los clientes perdía dinero.
Pues bien, se les comunicó oficialmente a los clientes y todo sin problemas. Solo uno se quejó.
Cuando se emitió la primera tanda de facturas tras la subida, no se quejó ninguno y todos pagaron religiosamente.
Bien.
Pero el otro día se emitió la segunda tanda de facturas, y ahí sí que ha habido quejas.
De momento tenemos 8 emails con quejas, y seguro que llega alguna más.
A ver, a mí no me sorprende que se quejen porque es normal.
Y más en este caso que la subida de algunos ha sido muy bestia.
Sin embargo, no es eso de lo que te quiero hablar.
Lo que te quiero contar es cómo algunos clientes actúan como tiranos creyéndose que tienen el poder en sus manos porque son los clientes.
Y si se lo permites, harán contigo lo que les dé la gana.
Verás, de estas 8 quejas hay una curiosa.
Curiosa por 2 razones, la primera, porque la subida que le hicimos a él en concreto, es muy pequeña en comparación con los demás.
Y la segunda, porque lo que pretende es marcar cuánto le tenemos que cobrar.
Sus palabras textuales han sido: “lo más que te voy a pagar son 148€” (su factura es de 200€).
Toma ya.
A mí me han pasado muchas cosas, pero esto es la primera vez que me pasa.
Sí que me hayan regateado muchas veces.
Pero que me pretendan imponer lo que van a pagar cuando el servicio ya está realizado no me había pasado nunca.
Ya ves, yo que me vanaglorio de que me ha pasado de todo, todavía me queda mucho por ver.
En fin, ahora viene cuando hay que tomar una decisión sobre cómo actuar.
Y tenemos varias opciones.
Por un lado, podríamos acatar sus condiciones y agachar la cabeza. Pero con esta opción quien nos dice que no va a volver a hacerlo dentro de 3 meses. O también muy probable, que le aumente la cantidad de trabajo y no podamos cobrarle más porque ya marcó su límite.
Por otro lado, podríamos aceptar lo que quiere pagar como máximo, pero reduciéndole el servicio que le prestamos, o modificándole las condiciones de trabajo.
Esta opción no es factible por el tipo de trabajo que se le realiza.
Es decir, que no podemos ponerle materiales de menor calidad, o trabajar menos horas.
Y por último está la opción de mantenernos en nuestra postura, y si se quiere ir, que se vaya.
Yo no sé lo que harías tú.
Pero sí sé lo que voy a hacer yo, porque hace ya mucho tiempo que me di cuenta de que a los clientes tu empresa les importa un carajo y solo se preocupan de su ombligo.
Algo muy respetable y de lo que no me quejo.
Pero lo que no estoy dispuesto es a beneficiar al cliente a costa de perjudicar mi negocio, porque hoy es hoy, y nadie me asegura que mañana nos abandone, porque se le crucen los cables, porque un amigo le pueda dar el servicio que le damos nosotros, o porque cierre su negocio.
Así que le voy a abrir la puerta para que se marche.
Debo decir que lo hago con un punto de soberbia, porque sé que difícilmente va a encontrar otro proveedor que le ofrezca el servicio que le ofrecemos por menos dinero que el que le cobramos nosotros.
Porque aunque le hemos hecho una subida a sus tarifas, aún nos hemos quedado por debajo de mercado.
Pero aun así, prefiero dejar de facturar 200€ al mes y estar tranquilo, que tener un cliente que por 200 míseros euros tenga el control del negocio.
En fin, ¿tú qué harías?
¿Te ha pasado alguna vez?
Pues cuéntamelo si quieres.
¡Que pases un buen día!
Rafael Valero
PD – Ya te diré si se va o no.