En los más de 30 años que llevo como empresario he contratado a muchísimos empleados.
No sabría decirte el número, pero seguro que muchos cientos.
Si nunca has tenido empleados, o eres muy nuevo teniéndolos, pensarás que si he contratado a cientos es porque mis empresas tenían cientos.
Pero no es así.
A excepción de una de mis empresas que sí llegó a superar los 100, todas las demás han sido “normalitas”, y ninguna superó los 15.
¿Entonces, por qué he contratado a tantos?
Pues porque están los que se van y los que despides, y tienes que sustituirlos.
Y cuando no tienes mucha experiencia contratando, que te salgan rana es bastante habitual.
Pero yo no te quiero hablar de cuántos he contratado.
Yo te quiero hablar de la primera vez que un candidato me dijo: “me lo pienso y te digo algo”.
No te puedes imaginar cómo me tomé yo aquello.
¿Cómo que se lo piensa?
Será engreído!!!
Ciertamente me sentó fatal.
O sea, ¿yo era el que le estaba dando una oportunidad laboral, pero era él el que se iba a pensar si trabajaba conmigo?
Pues ya no lo quería.
Y puse todo de mi parte para contratar a otro distinto, aunque ese prepotente me había gustado bastante.
Después de aquel chulo, porque tal y como yo veía el mundo en aquel entonces, no puedo calificarlo de otra forma, llegó otro, y otro, y otro, que también me dijeron el “me lo pienso y te digo algo”.
La verdad es que tardé bastante tiempo en darme cuenta de que las cosas habían cambiado.
Antes, dar trabajo a alguien era como hacerle un favor.
A ver, no era hacer un favor al uso, pero le dabas la oportunidad de ganarse el pan y aprender para crecer en la empresa.
Y también antes, el sueldo era la herramienta más poderosa que tenías para contratar al empleado que era realmente bueno.
Pero eso era antes.
Ahora, los jóvenes están cada vez más preparados.
Y, además, el sueldo ya no es su prioridad principal.
Sí que es algo que les motiva, pero solo muy al principio, porque después de un par de meses lo que más les importa es el ambiente laboral y si podrán desarrollarse y ascender.
Y es cierto que están más preparados, pero no tanto como se creen.
Pero como ellos se ven muy por encima de la realidad, pues su postura ante un empleo es la de poder elegir.
Y esa “prepotencia” se engorda porque realmente se pueden permitir estar sin trabajar, pues la mayoría vive con sus papás, y el gobierno les da un mini sueldo por estar en el paro.
Pero esto es harina de otro costal que ya trataremos en otro momento.
Al final, a donde nos lleva esto, es que para encontrar empleados que realmente te ayuden en la empresa, ya no puedes hacer una entrevista al uso en el que te limitas a valorar sus conocimientos y experiencias.
Ahora, además, tienes que convencerlos de que elegir tu empresa es lo más inteligente que pueden hacer.
O sea, que tienes que venderles tu empresa.
Y tienes que hacerlo tan bien que cuando acabe la entrevista, en lugar de decirte “me lo pienso”, te digan “espero que me llames”.
Tú si quieres puedes seguir haciendo entrevistas como se hacían antes.
Es decir, pensando que porque tú eres empresario estás por encima de los que solo son empleados, y que estarán ansiosos porque los contrates.
Pero yo te recomendaría que cambiases de postura y apostases más por hacerles ver que en ningún sitio van a trabajar igual de bien que contigo.
Y no es necesario que tu empresa tenga pinta de multinacional, ni nada por el estilo.
Basta con permitirles sentirse orgullosos de decir dónde trabajan.
Si has intentado contratar empleados ya sabes de lo que te he hablado.
Y si no, lo sabrás.
¡Que pases un buen día!
Rafael Valero
PD – Si los empleados buenos no quieren trabajar contigo y no sabes cómo lograrlo, yo te puedo enseñar cómo se hace.