Ayer por la tarde hice una consultoría con una clienta que quería que revisáramos por qué no estaba vendiendo.
Y cuando llegamos a la parte de los servicios que ofrecía, no tuve más remedio que decirle que así era normal que no vendiera.
No porque fueran malos, porque algunos tenían muy buena pinta.
Pero es que eran muchos.
Demasiados.
Y no solo eso, sino que también estaban enfocados en un tipo de cliente equivocado.
Además, y para más inri, las tarifas que tenía eran muy bajas.
Algo de lo que pecan muchísimos empresarios que piensan que por cobrar más barato van a vender más.
Aunque basta con observar el caso de esta misma clienta para demostrar que no es así.
Y esto no tiene que ver tanto con la estrategia, la calidad de los servicios o los productos, o con la capacidad de hacer marketing.
Esto tiene que ver, sobre todo, con la mentalidad.
En fin, el caso es que tras acabar la consultoría, esta mujer me ha dado las gracias por ponerle el negocio patas arriba.
Pero también me ha dicho que de alguna manera le ha dado un bajonazo porque le había pintado muy mal lo de cómo estaba gestionando su negocio.
Y esto es algo que ya me han dicho más de una vez.
Quizá es porque soy muy vehemente al dar mi visión de lo que veo.
Aunque mi pareja dice que más que vehemente soy borde.
Y para qué nos vamos a engañar, quizá sí que soy un pelín cascarrabias.
Pero no lo hago porque quiera hundir en la miseria a aquellos que me pagan por ayudarles con su negocio.
Lo hago porque creo firmemente que lo que les digo es justamente lo que les tengo que decir para ayudarles.
Para mí sería muy fácil guardarme lo feo y decirles solo lo que quieren escuchar.
Que a veces pienso que lo que esperan que les diga es que lo que ellos están haciendo está bien, y que la culpa de todos sus males son los empleados, el gobierno, los competidores, los clientes…
Pero ¿qué clase de mentor sería si veo que un empresario la está liando a lo grande en su negocio y no le digo nada?
¿Que puedo equivocarme? Evidentemente.
¿Que muchas veces me meto donde no me llaman? Seguro que más de una vez.
¿Que en ocasiones sueno paternalista? Podría ser, aunque espero que pocas veces.
Pero yo soy así.
Y de mí no se puede esperar que diga cosas como: “Venga, sigue así, que ya verás lo bien que te va a ir”. O, “tú ve por este camino, que cuando llegues al final habrá cojines que amortiguarán la caída”
En todo caso, al contrario.
Y sé que seguramente le he amargado el día a más de uno.
A muchos, sin duda.
Pero también sé que gracias a mi brusca sinceridad le he ahorrado penas y dinero a muchísimos más.
Así que, si quieres que te fastidie la tarde, solo tienes que contratarme.
Porque es posible que te moleste.
También es posible que te enfade.
Y desde luego es posible que te aburra.
Pero puedes estar seguro de que lo que te diga, aunque no te guste escucharlo, irá dirigido a ayudarte a que tu negocio mejore y que tú vivas mejor.
Quizá no para hoy, pero sí para mañana.
¡Que pases un buen día!
Rafael Valero
PD – Opino más cosas de mí, pero para otro día.