¿Te respetas a ti mismo como empresario?
¿Cuánto?
Estas preguntas me las hicieron a mí hace unos años, y no supe responder.
Solo acerté a sacar por mi boca un: “Sí, ¿no?”
¿Sí o no?, insistió.
Joder, pues no lo sabía.
Pero no lo sabía porque no tenía muy claro qué significaba respetarme como empresario.
¿Te has parado a pensarlo alguna vez?
Yo después de aquel día, muchas veces.
Porque la inmensa mayoría de los empresarios nos levantamos temprano.
Algunos incluso antes de que pongan las calles.
Nos vamos a nuestros negocios a abrir la puerta.
Lidiamos con clientes que no paran de apretar, con empleados a los que solo les importa su culo, y con proveedores a los que solo les interesa que les compremos cuanto más mejor.
Y entre medias, de vez en cuando, también con la Hacienda que solo quiere sacarnos los dineros que tanto nos cuesta ganar.
Menos mal que existe el café.
Después, cuando cerramos las puertas, nosotros nos quedamos un rato para hacer lo que no nos ha dado tiempo, o para medio preparar lo de mañana.
Y cuando volvemos a casa a las tantas, lo hacemos reventados, pero sin dejar de pensar en ningún momento en la empresa y en lo que ha pasado ese día, o lo que nos espera mañana.
Los fines de semana, que el creador los inventó para que descansásemos, nuestro cuerpo sí está con nuestras familias o amigos, pero nuestra mente está en el negocio.
Y a todo esto, súmale que si las cosas van bien es por suerte, o gracias a los demás. Y si las cosas van mal, el único culpable eres tú.
Vamos a ver.
Todo esto, que si nos lo hubieran dicho cuando nos convertimos en empresarios, probablemente hubiésemos dado un paso atrás, en realidad tampoco es tan malo.
Y no lo es, porque la mayoría lo disfrutamos.
Sin embargo, está claro que no es vida.
Y ahí es donde entra lo del respeto por ti mismo como empresario.
Entre otras cosas, porque si no te respetas tú a ti mismo, ¿quién lo va a hacer?
Así que trabaja duro.
Lo más duro que puedas.
Pero pon límites.
Di “no” cuando sea necesario.
Si te equivocas, llora un rato si quieres, pero no te regodees en ello y levántate cuanto antes llevándote contigo el aprendizaje.
Busca ayuda si la necesitas, que no es ninguna vergüenza.
Pon a tu familia por delante de todo cuando haga falta.
Y ponte tú también por delante de todo de vez en cuando, priorizando tu bienestar, celebrando tus éxitos, y parando a descansar.
Porque de poco te sirve ser el mejor del cementerio.
¡Que pases un buen día!
Rafael Valero
PD – Eres empresario, pero también eres humano.