Recuerdo la primera vez que dije que la publicidad no funciona.
Y lo recuerdo porque me gasté un dinero que no tenía para hacer una campaña que no me sirvió para nada.
Me gasté tanto dinero que aún hoy cuando me acuerdo de la cantidad me dan ardores.
Sobre todo porque fue una campaña desastrosa.
¿Y no funcionó porque no sabía hacer publicidad?
Sí, pero no.
Verás, yo siempre quise tener una empresa grande.
Una de esas de la que todo el mundo hablara.
Hoy pienso muy distinto.
Pero cuando era un poco más “inculto” empresarialmente hablando, mis objetivos eran muy diferentes.
La cuestión es que, como no sabía hacerlo de otra forma, lo único que se me ocurría era hacer lo que hacían las grandes empresas.
O sea, publicidad por un tubo.
El problema es que en aquellos tiempos no existía eso de meterte en YouTube, verte unos cuantos videotutoriales y hacer la publicidad tú mismo.
Qué va.
En aquel entonces, si querías hacer publicidad, tenías que ir a una agencia de publicidad.
Y eso hice.
Contraté una agencia de las supuestamente buenas de mi ciudad.
Y digo supuestamente, porque hoy sé que de buena tenía lo que yo de gigoló.
Porque si hubiera sido realmente buena no me habrían dejado hacer aquella campaña.
En cambio, no solo me la hicieron, sino que me alentaron a ello diciéndome lo buena idea que era.
Y ese fue otro de los muchos trompazos que me demostraron por qué los grandes cobran lo que cobran.
En fin.
La cosa es que yo, teniendo una pequeña tiendecita de barrio, no se me ocurrió otra cosa que hacer una campaña de marca.
Lo que hoy se llama branding.
O sea, que mis anuncios no vendían nada, solo anunciaban mi marca.
Porque yo quería que la gente reconociera mi marca.
Pero lo que no sabía, y aquella agencia tampoco me contó, es que para que el público reconozca una marca hay que hacer una inversión tan descomunal, que un pequeño negocio no puede soportarla.
Eso, y que no basta con la publicidad.
Bien.
Ahora te voy a decir lo que me hubiera gustado que alguien me dijera en aquel entonces, y que tuve que aprender con lágrimas.
Bueno, con lágrimas y con mucho leer sobre el tema.
Y es que, cuando tienes una empresa pequeñita, lo que has de hacer es marketing directo, no branding.
Y vas a entender la diferencia de una manera muy sencilla.
Verás, marketing directo es buscar una acción inmediata por parte del cliente, y el branding es construir marca.
O sea, que si, por ejemplo, tú tienes una tienda de regalos, hacer marketing directo sería enviar a tus clientes un mensaje diciéndoles que te ha llegado un artículo nuevo, y que les haces un descuento.
En cambio, hacer branding sería poner en redes sociales una imagen de tu tienda o de tu logotipo.
¿Lo has entendido?
Con el marketing directo estás buscando que los clientes vengan a tu tienda a comprar ese artículo en concreto.
O sea, buscas una acción inmediata por su parte.
En cambio, con el branding solo les estás diciendo quién eres y dónde estás.
Está claro que el branding es muy importante, pero es lento.
Y cuando el tamaño de tu empresa es comedido, lo que te interesa es vender.
Que te conozcan también, pero sobre todo vender.
Así que, por la cuenta que te trae, deja de construir castillos en el aire como yo hice, y dedícate mejor a generar dinero, porque con lo que ganes ya podrás hacer que te conozcan.
¡Que pases un buen día!
Rafael Valero
PD – La mayoría de las veces, contratar a quien sabe es la mejor inversión que puedes hacer.