Cuenta la historia, que allá por el 1519 un tal Hernán Cortés desembarcó en México, y para motivar a sus soldados y evitar que se retirasen, ordenó que quemaran sus propios barcos.
¿Se puede ser más cab***?
Yo no sé qué se le pasaría a este tipo por la cabeza para tomar una decisión tan bestia.
Porque sí, con esta decisión envió un mensaje claro a su gente: o ganamos, o morimos.
Pero quizá se le olvidaran un par de cosas.
La primera, que a lo mejor no todos tenían su misma motivación y entusiasmo.
Y la segunda, que si ganaban estaría muy bien, pero estaban obligados a quedarse allí.
No iban a poder volver a casa en muchísimo tiempo, o quizá nunca.
Y el que más o el que menos, seguro que tenía familia.
En fin, la cosa es que esta historia se suele utilizar muchas veces como metáfora para la gestión empresarial y la toma de decisiones estratégicas.
Y yo, para no ir más lejos, soy pro quemar barcos y lo he hecho más de una vez.
Unas veces me ha salido bien, y he ganado mucho dinero, estatus, o lo que sea que buscara.
Y otras ha sido desastroso y me ha costado, desde cerrar la empresa, hasta perder a mi pareja.
Sin embargo, y aun con los riesgos que conlleva, yo seguiré haciéndolo.
Llámame loco si quieres.
Pero es que, cuando lo veo claro, lo veo claro.
Y aunque no me tiro al vacío sin pensarlo, meditarlo y medir los riesgos.
Si creo en eso, me arriesgo.
Yo, por ejemplo, no entiendo a aquellos que emprenden a la vez que mantienen su trabajo por cuenta ajena.
Y no porque lo complementen, que eso me parece fantástico, sino porque no se atreven a apostarlo todo porque les asusta que no les salga bien y quedarse sin negocio y sin empleo.
Pero claro, ¿cómo les va a salir bien si no lo apuestan todo?
O a esos otros que venden un montón de cosas diferentes en lugar de centrarse en una o dos cosas como mucho.
Sé que lo hacen para minimizar riesgos.
Pero ya sabes el dicho aquel: “el que mucho abarca, poco aprieta”.
En fin, solo quería decirte que si crees en tu negocio, apuesta por él.
Arriésgate sin ser loco si quieres, pero arriésgate.
Porque solo así tendrás verdaderas posibilidades de lograr el éxito.
Y te puedo asegurar que, tanto si quemas los barcos, como si no, el trabajo duro va a ser exactamente el mismo.
La diferencia está en que si solo tienes una opción, tu manera de apretar será mayor, o como mínimo, diferente.
¡Que pases un buen día!
Rafael Valero
PD – Especialízate