Este domingo pasado, como tantos otros, mi chica y yo nos fuimos a motear (hacer kilómetros con la moto).
Y hacia la hora de comer, decidimos pararnos en un merendero bastante apañado, y en el que había varias familias.
Pues bien, mientras sacábamos los trastos para comer, me fijé en cómo un padre y su hijo jugaban al fútbol.
Bueno, más que jugar al fútbol, lo que hacían era darle patadas al balón sin ton ni son.
En un momento dado, el padre agarra el balón y se pone a hablar con el chavalín.
No sé lo que le diría, porque estábamos lejos, pero viendo lo que hizo a continuación me lo puedo imaginar.
El padre cogió unas piedras y creó una portería para cada uno.
A continuación volvió a hablar con el niño, y empezaron a jugar otra vez.
Es sorprendente cómo unas simples piedras pueden motivar tanto, porque ahora jugaban de una manera distinta.
Quizá sería porque ahora tenían un fin más claro que antes.
Lo curioso es que, si lo piensas, lo que de verdad debería motivar es la no limitación, ¿no?
El poder moverte por todo el campo sin nada que te pare.
Sin nada ni nadie que te diga dónde está el principio y dónde está el final.
Pero no.
Las personas no somos así.
Las personas necesitamos límites.
Necesitamos saber hasta dónde podemos o no podemos “jugar”, y hasta dónde debemos o no debemos llegar.
Y si para algo tan “libre” como jugar en el campo, son importantes los límites, imagínate para el empleado de una empresa.
Porque estoy harto de escuchar empresarios que no paran de quejarse de lo mal que funcionan sus trabajadores.
De lo poco que se preocupan por la empresa.
De lo desmotivados que se les ve casi siempre.
De…
Y casi siempre aparece por ahí en medio el famoso “con la libertad que les doy, ya podrían esforzarse un poco más”.
Pero justo ahí es donde está el problema.
En la libertad que se les da.
Porque no, no es libertad lo que necesitan los empleados, son límites.
Y aunque si les preguntas te dirán casi siempre que prefieren que los dejes a su aire, y que no los agobies, no es verdad.
Bueno, no es que no sea verdad, pero es una verdad a medias.
Porque lo que necesitan (y quieren, aunque no lo digan) es que se les diga muy claramente lo que deben y lo que no deben hacer, y hasta dónde llegan y hasta dónde no sus competencias y obligaciones.
En cambio, no les gusta tanto que se lo estés recordando cada día, y más, cuando supuestamente les has dicho que son “libres”.
Por lo tanto, aclárate en cuanto a cuáles son esas condiciones y dales desde un principio las instrucciones pertinentes, y de una forma que lo entienda hasta el más novato.
Y después ya sí puedes dejarlos “libres”.
¡Que pases un buen día!
Rafael Valero
PD – Si quieres que tu empresa funcione como quieres, deja claro lo que deben y no deben hacer tus empleados.