No todos tenemos talento.
Al menos no siempre para lo que nos gustaría.
La buena noticia es que para conseguir lo que sea que quieras no necesitas necesariamente tener uno.
Basta con que seas perseverante.
Algo que, a diferencia del talento, que es innato, está al alcance de cualquiera, independientemente del nivel de talento que se tenga.
¿O acaso crees que todos los que tienen éxito han nacido talentosos?
¡Qué va!
Es la repetición, la paciencia y la resistencia, las llaves que abren las puertas del éxito.
Todos nos enfrentamos a situaciones en las que nuestras habilidades parecen, o son limitadas.
Y lo que diferencia a los que salen airosos, de los que se quedan estancados, independientemente de que se tenga o no talento, es la capacidad para perseverar.
Porque, de alguna manera, es el combustible que nos impulsa a seguir intentándolo, a aprender de nuestros errores y a mejorar constantemente.
Lo bueno es que esto no se aprende ni en libros, ni en academias, ni tampoco es un conjunto exclusivo de habilidades.
Simplemente, es querer resistir, aprender y crecer frente a los distintos desafíos, sin desfallecer.
Y esto, para los que no tenemos un talento innato evidente, se convierte en nuestro as bajo la manga.
¿Es más duro que para los que nacieron talentosos?
Puede ser.
Pero también pienso que llena más.
En resumen, la perseverancia es el antídoto para cuando de manera natural no tienes lo que te hace falta.
Aunque a veces, el mejor talento es saber cuándo es más inteligente pagar a otros por el que te hace falta, en lugar de volverte loco intentando mejorar una capacidad que a futuro no te servirá para nada.
¡Que pases un buen día!
Rafael Valero
PD – Hoy he perdido 2 horas intentando aprender a hacer algo por lo que al final era mejor pagar.