No sé si te has enterado, pero ayer salió una noticia que decía que el Tribunal Supremo español ratificaba que llegar 15 minutos tarde al trabajo debía computarse como que se llegaba en punto.
Toma ya.
O sea, que ni se puede penalizar al empleado para que los recupere.
Ni tampoco se le pueden descontar del sueldo.
¿Tú sabes en qué se basan para tomar una decisión así?
Yo no tengo ni idea.
Pero lo que sí tengo claro es que ese o esos jueces no han tenido nunca una empresa con empleados.
Y, por lo tanto, no saben lo que jode que un trabajador llegue tarde de manera continuada.
Porque si llegan 15 minutos tarde de vez en cuando, pues mira, es “soportable” porque todos podemos encontrarnos un atasco, o despertarnos tarde.
Pero si llegan tarde por vicio ya no mola tanto.
No cabe duda de que el empleado siempre gana.
Ahora también se le “premia” por su falta de responsabilidad.
Y mientras tanto, los empresarios a pagar y callar.
Y si solo fuera esa pérdida para nosotros, pues mira, al fin y al cabo, los empresarios somos unos usureros y que nuestros costes aumenten tampoco nos van a hundir.
Pero, ¿qué pasa con la pérdida de imagen de cara a los clientes?
Porque si ese empleado que llega tarde es el encargado de abrir una tienda, la va a abrir tarde y no podemos decirle nada.
En fin, da igual cuánto nos indignemos.
Es lo que hay.
Y perder el tiempo con pataletas tampoco nos va a ayudar.
En cambio, esto nos sirve para confirmar sospechas.
Porque si un empleado que llega tarde no recupera ese tiempo por su propia cuenta, y encima se agarra a esta sentencia, pues ya te queda claro el compromiso que tiene con tu empresa.
¡Que pases un buen día!
Rafael Valero
PD – Una vez, hace muchos años, y antes de que las cosas se pusieran así, tuve un empleado que llegaba tarde todos los días.
Todos.
Y lo que se me ocurrió fue cambiarle el horario.
Su horario era de 9h a 14h.
Y como siempre llegaba 10 o 15 minutos tarde, le cambié el horario a: de 9,15h a 14,15h.
Mi intención era no perder esos minutos que nunca recuperaba y, de paso, que no se sintiera mal por llegar tarde.
Así de bueno era yo.
¿Sabes lo que pasó?
Pues que seguía llegando tarde. Porque no era un problema del tráfico, de la lejanía con el puesto de trabajo, o con que tuviera que llevar los niños al colegio. Era por manía.
Al final tuve que despedirlo.
No por los 15 minutos, que tampoco me iban a hundir. Pero es que me dejaba mal de cara al resto de empleados.