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No entender lo que hace tu gestoría te puede costar tu casa

Por Rafael Valero

La inmensa mayoría de los pequeños empresarios, por no decir todos, tenemos contratada una gestoría.

Y la misma inmensa mayoría confiamos en que el trabajo que hacen, lo hacen bien.

No es que confiemos en que lo hacen bien porque sean buenos.

Porque no lo sabemos.

Confiamos, básicamente, porque nosotros ni entendemos, ni tenemos repajolera idea de cómo se hace lo que ellos hacen.

Y por eso nos resulta más sencillo confiar que tener que aprender.

Pero ahora vas a ver por qué fiarte ciegamente de ellos no es de las cosas más inteligentes que puedes hacer.

Mira, cuando cualquiera inicia un negocio, hay una serie de obligaciones legales que hay que cumplir.

Entre otras, y para no liarlo mucho, la contabilidad, los impuestos, y las nóminas de los trabajadores.

¿Vale?

Vale.

Entonces, como para nosotros los empresarios hacer esto es una obligación y no algo voluntario, pues lo que buscamos es que quien nos lo haga nos salga lo más barato posible.

Pues creemos que como es un trabajo “estándar” y que todas las gestorías lo hacen igual, pues para qué pagar de más, ¿verdad?

Sin embargo, eso es como decir que todos los taxistas conducen igual.

Y ahí es donde cometemos el primer error.

El segundo error lo cometemos cuando, por esa confianza “obligada” por nuestra incultura legal, no controlamos lo que hacen.

Y vas a entender lo caro que esto resulta, con algo que me pasó a mí mismo, pero que también lo he visto en algunos de mis clientes de mentoría.

Verás, cuando yo inicié mi primera empresa ya lo hice creando una sociedad porque me habían dicho que con una SL yo no tenía responsabilidad personal.

Toda la responsabilidad recaía en la empresa.

Es decir, que si las cosas iban mal no me iban a quitar ni mi casa ni mi dinero.

Y para que me llevaran “los papeles”, contraté una gestoría que me recomendaron y que era muy barata.

Y la verdad es que todo iba muy bien.

Ellos me pedían las facturas cada mes, y yo se las enviaba.

Si necesitaba algún papelajo, pues se lo pedía y me lo enviaban.

Y así durante varios años.

Ellos contentos porque yo les pagaba religiosamente cada mes.

Y yo más contento porque me salían muy baratos.

De hecho, cuando hablaba con otros empresarios, me enorgullecía de lo poco que me costaban.

Pero un día, casi de la noche a la mañana, las cosas empezaron a irme mal.

Muy mal.

Tan mal que ya no tenía dinero para pagar nada.

Ni a los proveedores, ni los préstamos del banco, ni las nóminas de los empleados.

Ni, por supuesto, los impuestos.

Menos mal que tenía una SL y mi casa estaba a salvo.

Menudo ignorante estaba yo hecho.

Una mañana recibo una carta de Hacienda diciendo que me van a embargar mi casa.

¿Cómo?

¿Que me van a embargar la casa?

¡Pero si tengo una sociedad y en teoría no me pueden tocar nada a nivel personal!, ¿no?

Cogí las escrituras de mi sociedad y me fui a Hacienda a demostrar que la tenía, y a exigir respuestas.

Imagínate mi ignorancia, que creía que en Hacienda no sabían que tenía una sociedad.

Cada vez que lo recuerdo me da vergüenza.

En fin, la cosa es que lo que me dijo el tipo aquel tan sieso, es que efectivamente yo tenía una empresa, pero que como no había presentado las últimas cuentas anuales, toda la responsabilidad recaía sobre el administrador de la empresa.

O sea, yo.

Y es que sí, amigo mío, ya puedes tener la empresa más grande del mundo, que como tus deberes como administrador no las cumplas al pie de la letra, al que van a castigar es a ti.

Vamos a ver, ¿pero de esto no se encarga mi gestor?

Como no entendía nada, me fui a la gestoría para que me explicaran el tema.

Porque me iban a quitar mi casa.

Lo único que tenía en propiedad y que me había costado un mundo comprarme.

Cuando estoy con él, descubro que no solo no había presentado las cuentas anuales, sino que, para colmo, tampoco estaba la contabilidad al día.

A ver, a ver, a ver, ¿no se supone que vuestro trabajo es hacer esto?

¿No es eso para lo que os pago?

Alucina con la respuesta…

“Lo que nos pagas no da para que te llevemos la contabilidad al día, y como tienes bastante, no ha dado tiempo a cumplir con todos los plazos”.

O algo así, porque la verdad es que ya no lo recuerdo nítidamente.

¿Resultado?

Que me quitaron la casa.

Yo intenté denunciar al gestor, pero no hubo forma, porque mi responsabilidad como administrador era preocuparme de que todo se hiciera bien.

Y eso yo no lo había hecho.

Desde entonces, cuando tengo que contratar una gestoría, ya no me fijo en el precio.

No es que las busque caras, porque las hay muy caras, y con lo que sé hoy, sinceramente no entiendo muy bien por qué.

Pero sí me preocupo menos de lo que me cuestan, y más de lo que hacen y cómo lo hacen.

Porque por ahorrarme unos pocos euros cada mes, perdí una casa infinitamente más cara que lo que me ahorré.

Y eso no me va a pasar nunca más.

Puede que vuelva a perder una casa, pero no será por esto.

Sé que tú ya tienes bastante con saber qué y cómo lo hacen tus empleados, y con todo lo que implica dirigir tu negocio.

Pero especialmente en esas cosas que menos entiendes es donde debes prestar más atención.

Porque que tengas una sociedad no implica que estés salvado del todo.

¡Que pases un buen día!
Rafael Valero

PD – Lo barato sale caro

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